Caviar y vodka para todos
JULIO CESAR MARTINEZ
Y ¿qué quiere que le diga vecino? Uno se queda como decía la vieja, como si le hubiesen tirado encima un balde de agua fría, por no decir de mierda que queda poco elegante ¿vio? Porque según parece los rusos nos están debiendo una troja de millones de dólares (¿se da cuenta? ¡Nos deben a nosotros!) Y el Presidente o no sé quién en su nombre, decidió que se la vamos a cobrar en armas para el ejército. ¡Sinceramente, parece joda!
Mientras la gente se está muriendo de hambre, los desocupados suman miles, los productores agropecuarios abandonan sus tierras corridos por la indigencia, mientras vemos que todo se derrumba, que se nos va un muchacho cada diez minutos los 365 días del año para buscar en tierras extrañas un futuro mejor, a los «iluminados» del gobierno se les ocurre cobrar lo que nos deben con armas de guerra.
¿Armas de guerra? ¿Se da cuenta? ¡Armas de guerra, justamente! Cuando vemos que las ollas populares no dan abasto, cuando los pobrecitos perros y gatos vagabundos están siendo despojados de sus raciones diarias de desechos comestibles que hasta ahora arrancaban –libres de otra competencia que la de sus propios congéneres– a mordiscones de los tachos de basura de la ciudad, por cientos o miles de hombres y mujeres, niños, ancianos, jóvenes, casi tan famélicos como ellos, pero por supuesto con menos «oficio» en eso de andar revolviendo entre la basura para poder sobrevivir.
Claro está, capaz que a usted, vecino –depende de dónde viva y cuánto y a qué horas «yire» por las callecitas montevideanas que «tienen ese no sé qué»– a lo mejor esto que le estoy contando le parece algo exagerado. Y es más, no me extrañaría que pensara que soy uno de esos tantos pescadores en río revuelto –que los hay, esté seguro, y más que «pescadores» son «pecadores»- que se aprovechan de la desgracia ajena para beneficiar sus propios y bastardos apetitos de poder. Y si piensa así, no voy a enojarme, créame, porque sé muy bien que el que se quema con leche cuando ve una teta se le frunce el labio.
Pero déjeme al menos vecino sacarme el gusto de mandar al soberano carajo a los iluminados que decidieron por sí solos, y sin consultar a nadie, cobrarle a los rusos lo que nos deben en cañones, armas y pertrechos bélicos. El país todo se está desangrando, y pretenden traer instrumentos de muerte. ¿Por qué no intentan traer insumos de vida? Los rusos tienen una poderosa industria pesada, y bien que se podría traer tractores y otro tipo de maquinaria para el agro, vehículos para utilizarlos como ambulancias, transportes sociales, etc., locomotoras, vagones de carga y pasajeros, material ferroviario, troleybuses y tranvías eléctricos, barcos pesqueros y cientos de posibilidades más que la poderosa industria rusa puede ofrecernos en lugar de esa maquinaria para la muerte que el gobierno decidió traer para abastecer los cuarteles.
Es más, casi que le diría, vecino, que si no fuera eso posible, si no hubiese tractores, locomotoras, vagones y todo eso, antes que los cañones y las ametralladoras es cien veces preferible que traigan vodka y caviar, así al menos nos damos por una vez el lujo de servir canapés de caviar negro y rojo y brindar con vodka en las ollas populares.
Después de todo, más vale empedarse con vodka ruso, a que se le venga un fogonazo de aquellos encima ¿no le parece vecino? ¡Ah! me olvidaba. Don Jorge Batlle anunció que va a vetar la ley de despenalización del aborto, porque quiere defender la vida. ¡Que se ponga de acuerdo entonces! Porque hay macanas que no se arreglan con lágrimas. *
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