Descolgando cuadros
JOSE BALBO
El retiro de los ministros blancos del gabinete tiene algunos aspectos positivos. Por un lado, los contribuyentes veremos aliviada nuestra pesada carga impositiva. Y el otro hecho destacable, es la actitud «responsable» del ministro de Trabajo y Seguridad Social que pretende quedarse para darle continuidad a los invalorables aportes de su cartera a la sociedad, lo cual nos tranquiliza.
Porque sería muy duro para las trabajadoras y trabajadores uruguayos que se discontinuaran las importantes acciones que lleva adelante esa cartera. Sin embargo, luego de la euforia inicial, uno se pone a pensar cuáles son esas políticas del ministerio y no encuentra nada sustantivo.
Tanto desde el punto de vista de la instalación del diálogo social, comprometido en el acuerdo de la coalición de gobierno del 9 de noviembre de 1999 y reafirmado en abril pasado por el ministro en un seminario donde destacó la apuesta al diálogo realizada por la central obrera y comprometió el esfuerzo del gobierno de recibir, procesar, evaluar y actuar sobre las iniciativas que se presenten.
En nuestro caso, podemos afirmar enfáticamente que la representación de los trabajadores en la Junta Nacional de Empleo realizó, entre otras, dos importantes iniciativas referidas a la necesidad de implementar políticas activas de empleo y un involucramiento más activo del MTSS en apoyo a la reinserción laboral de los trabajadores a través de un Servicio Nacional de Empleo. Sin que hasta este momento hayamos tenido una respuesta concreta a ambos planteos, que serían una buena contribución para el combate a la grave crisis de trabajo que afecta a nuestro país. Tampoco vemos el entusiasmo del Ministro en facilitar el trabajo de la Junta Nacional de Empleo, a través de una adecuada asignación de recursos humanos y materiales a la Dirección Nacional de Empleo. Las carencias notorias de esa dirección debilitan el funcionamiento de todo el sistema de capacitación de la Junta Nacional de Empleo, generando dificultades a la hora de la investigación necesaria para el diseño de los distintos programas, de los seguimientos de la evolución de los cursos, entre otras graves omisiones.
Ni que hablar de la insensibilidad del Poder Ejecutivo manifestada en el atraso del aporte que debe hacer el Ministerio de Economía y Finanzas al Fondo de Reconversión Laboral. En nuestra opinión, lo votado por el Parlamento es insuficiente y el Poder Ejecutivo empeora la situación al atrasarse en las transferencias de fondos a la Junta Nacional de Empleo, acumulando siete meses de atraso.
El Ministerio de Trabajo no sólo no cumple con sus cometidos, sino que totalmente supeditado a los acuerdos realizados entre el Ministerio de Economía y el Banco Mundial dice estar considerando una reforma del seguro de paro, en forma regresiva como corresponde, por supuesto.
Vemos, con preocupación, que olímpicamente se sigue incumpliendo el acuerdo «programático» del 9 de noviembre de 1999, entre el Partido Colorado y el Partido Nacional, en lo relativo a la defensa del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones, a la defensa del trabajo nacional, a la convocatoria del diálogo social. Además, el socio que se retira, lo hace argumentando nuevamente lo mismo, pero no haciendo nada para que lo propuesto se concrete.
Se van porque «no se ha encarado con firmeza el camino del desarrollo productivo», porque quieren un nuevo sistema tributario, fortalecer el sistema financiero, justicia salarial, reforma del Estado, «que supongan la reactivación de la economía y la generación de empleo». Otra vez la misma cantinela.
Sin embargo, en los lugares donde estuvieron y están, no llevan adelante esa «plataforma reivindicativa». Insistimos, están al frente del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social y a pesar de que el país está sumergido en la crisis más importante de su historia en lo referente al trabajo, no promovieron ninguna iniciativa importante en pos de la reactivación y la generación de empleo, y fueron y son un contrapeso para las acciones de la Junae.
Lo anterior deja al descubierto que en realidad el descuelgue o no de algunos cuadros muy poco va a influir en la política nacional.
A modo de conclusión, pensamos que, dadas las circunstancias, nuevamente seremos los trabajadores los perjudicados de las idas y venidas de la coalición gobernante. Estamos frente a una simple pelea por cargos. En ninguno de los dos bandos se proponen iniciativas sólidas en pos de la reactivación productiva. Con estos «cuadros» o con otros, siguen arrasando a nuestro empobrecido país. Ello nos obliga a redoblar los esfuerzos por construir ese gran movimiento que agrupe a todos los que están dispuestos a dejar sus intereses particulares de lado, a no pensar en los carguitos que ocupan o podrían ocupar y generar esa imprescindible ola de esperanza que nos dé fuerzas para comenzar lenta, muy lentamente, pero con firmeza, la reconstrucción de un país arrasado por una de las peores armas desarrolladas por el hombre: el dogmatismo neoliberal. ¿Alguien duda de que se pueda?
Pregúntele a los brasileños. *
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