Felipe le responde a Julio

VICTOR ROSSI

 

El doctor Julio María Sanguinetti retornó de otro viaje por el mundo y de inmediato participó de un acto organizado por un diputado de su sector.

Como ha ocurrido en los dos últimos años, volvió a hablar de política colocándose en un escenario que parece más propio para un analista, que para el principal sostén de la política económica del doctor Jorge Batlle, que ha llevado al país al borde del abismo.

De los pobres uruguayos, ni una palabra. De la crisis financiera, ni una referencia. De la destrucción del aparato productivo, ni se enteró. De hacer autocrítica, ni hablemos. Pero en cambio prefirió el análisis sobre los cambios políticos en la región, con sus conocidos razonamientos repetitivos que siempre van condimentados con las críticas al marxismo y, desde hace un tiempo, al populismo, donde incluye todo lo que no sea neoliberal.

En un pasaje de su intervención, Sanguinetti se refirió al triunfo de Lula en Brasil, para de inmediato alertar sobre los peligros del populismo, que –según el ex Presidente– muchas veces se «disfraza de izquierda o de derecha», agregando que «es el que promete lo que no se puede cumplir, es el que lanza políticas sociales, que son fantasías para ilusionar a la gente».

En ese momento exacto dejó la sensación de que incluía a Lula dentro del populismo o que comenzaba por primera vez a hacer una autocrítica o que estaba evaluando la gestión del doctor Batlle. Fue así que nos vino a la memoria aquellas promesas no cumplidas por el actual gobierno colorado –de la Lista 15 y el Foro Batllista–, quien iba a erradicar los asentamientos irregulares porque los iba a dejar «hechos una pinturita», a no poner más impuestos, a eliminar el IRP, a importar científicos rusos, a exportar ñandúes, a bajar el desempleo, a no devaluar, a no endeudarse más, a no…

Pero no fue así, porque el doctor Sanguinetti volvió a apoyar a su correligionario el doctor Jorge Batlle.

De esa forma pareció que estaba hablando de Lula y del PT, que quieren torcerle el brazo al neoliberalismo mediante esa amplia alianza que han construido con los trabajadores y el empresariado nacional. Porque, como es sabido, al doctor Sanguinetti no le gusta nada el triunfo de Lula en Brasil, por más que ahora trate de disimularlo un poquito.

Fue el mismo día en que escuchamos ese discurso, que tuvimos acceso en la página web del diario Clarín de Argentina, una excelente nota de Felipe González, el líder histórico del PSOE, quien es amigo del doctor Sanguinetti.

En esas pocas líneas, escritas con un lenguaje directo y sencillo, Felipe González no solo saluda alborozado el triunfo de Lula, sino que acusa a la derecha por esgrimir un discurso que califica de populismo a todo aquello que no le gusta.

«He oído los mismos argumentos de siempre en estas semanas, en estos meses que han precedido a la victoria. Lula, por ser de izquierda, es un izquierdista, y por ser popular, es un populista. Si hubiera sido de derecha, habría recibido el calificativo de hombre de centro y popular», dice Felipe González, quien concluye así: «Solidarizarse con Brasil, ayudarle en un camino de inclusión y desarrollo social, no sólo es bueno para los brasileños, sino vital para todos. Los que no quieran hacerlo por razones humanitarias, que lo hagan por egoísmo inteligente. El éxito de Brasil es una necesidad que trasciende sus propios límites y puede marcar un destino diferente para salir de esta extraña crisis que vivimos».

Está todo dicho. El discurso del doctor Sanguinetti es antiguo, sin novedades, repetitivo, nervioso, gesticulador por demás, sin propuestas, propio de alguien que siente que el gobierno de su partido navega sin rumbo en medio de la soledad más absoluta.

Sería bueno que reparara en la actitud de sus tantas veces ponderado Fernando Henrique Cardoso, actual presidente de Brasil, quien con conciencia democrática, más allá de su posición y conveniencia personal, facilitó un proceso electoral limpio y ahora se apresta a contribuir con la transición. *

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