Yendo y viniendo de la coalición
PABLO RIVAS ROSSANO
Hay un viejo adagio en política que reza: «Todo socio minoritario de una coalición sale siempre perjudicado políticamente». En lo personal diría que es el encargado de dar siempre las malas noticias y correr con los costos políticos, mientras que el socio mayoritario es recíprocamente el que da las buenas noticias y el que capitaliza los beneficios políticos.
Esta concepción tan vieja parece ratificarse en estos dos años de gobierno de coalición, pero con la salvedad de que ningún partido ha capitalizado beneficios por la sencilla razón de que no han existido buenas noticias, y lamentablemente las malas han arrastrado al abismo a los dos partidos integrantes de la coalición, a tal punto que están prácticamente empatados en la intención de votos (alrededor del 14 % c/u) mientras que el partido de oposición supera sin problemas el 50 % de la intención de votos.
Empecemos por el principio. ¿Qué es una coalición y para qué sirve ? Dice Strom que una coalición se define como un conjunto de partidos que acuerdan metas comunes, que reúnen recursos para ello, que asumen compromisos en ese sentido y que distribuyen los beneficios del cumplimiento de esas metas. Los socios pueden ser partidos políticos o fracciones de esos partidos; hay un proceso de negociación, donde se fijan metas comunes, y el mismo culmina con la firma de un documento público o también puede ser un documento interno de trabajo. Una coalición se constituye básicamente por la necesidad de compartir recursos, estos son por excelencia las bancas de legisladores, aunque también existen de otro tipo tales como liderazgo, capacidad de comunicación, etc. Esta coalición asume compromisos tales como la representatividad y la responsabilidad política, la cual es clave porque es la responsabilidad ante la gestión de gobierno. La coalición distribuye beneficios entre los acordantes, tales como ministerios, entes autónomos, contratos que permiten la presencia en el gobierno, etc.
Hasta aquí viene todo muy bien, pero así como existen beneficios también existen costos, y éstos como los beneficios se distribuyen, es verdad, pero en forma desigual y asimétrica. Hay un viejo dicho en política (o verdad científica tal vez) que reza » todo socio minoritario de una coalición en un presidentalismo trae desventajas», traducido en buen romance, desde el punto de vista institucional, conviene con el tiempo tomar distancia del gobierno.
Por tal motivo antes de discutir las razones del retiro del Partido Nacional de la coalición es bueno tener en cuenta lo anterior. Pero, sin perjuicio de ello también conviene tener en cuenta otras cosas desde la perspectiva de un convencional del Partido Nacional.
1) No teníamos que habernos ido de la coalición por la sencilla razón de que nunca teníamos que haber entrado.
2) Se comete un error frente al sistema político, porque el pretexto es horrible: queda la impresión de que el Partido Nacional se fue porque intenta superar líos personales entre dirigentes.
3) Es un error frente a los convencionales, porque se les quita la decisión del alejamiento, algo previsible y altamente probable a juzgar por la situación interna. El directorio lo resuelve desde una posición elitista y, lo que es peor, sin una votación unánime.
4) Es un error frente a la opinión pública, porque el presidente Batlle reacciona diciendo que va a suprimir los (oh casualidad) ministerios blancos. El mensaje es clarísimo: la idea era hacerlo antes pero no se hizo porque eran ministerios que ocupaban los socios de la coalición (por aquello de los beneficios); naturalmente esto no genera para nada la simpatía de la gente. Ergo, quemados una vez más.
5) Es un error hacer las cosas a medias, la sociedad tiene la sensación de que les toman el pelo. Si los beneficios «tangibles» de la coalición son los cargos que ocupan, es contradictorio retirarse solo de los ministerios: hay que irse pero irse del todo, y esto incluye entes autónomos y contratos también, pero no es viable porque allí es donde está el grueso de los intereses, allí están los dirigentes intermedios que van a tejer la futura red electoral para 2004, y a eso el directorio no se aventura.
5) Es un error estratégico, porque si la idea de Lacalle era quedarse con el protagonismo de la «retirada» y primerear a Larrañaga, es muy riesgosa. Se corre peligro de que la convención «manijeada» por varios intendentes y los grupos opositores a la decisión del lunes (Manos a la Obra, Desafío Nacional y Correntada Wilsonista) no ratifique al directorio y vote a favor de seguir en la coalición. En este escenario, ¿cómo se resuelve la situación? ¿El doctor Lacalle acatará la democracia partidaria y renunciará al directorio?
Finalmente considero que en su conjunto es una decisión mal tomada y peor manejada. Estoy de acuerdo con el fondo de la cuestión; reitero: no sólo había que irse sino que nunca se tendría que haber estado, pero si se asumió un compromiso negativo al integrar el gobierno, se manejó de forma aun peor la salida de éste. Perfectamente se podría haber esperado a que se reuniera la Convención, que ya estaba fijada para el 3 de noviembre, se respetaba la democracia interna y se sometía a la soberanía partidaria el futuro del Partido Nacional en la coalición de gobierno. Pero como siempre primaron intereses y ambiciones personales, se pecó de protagonismo y tal vez existieron capítulos secretos en esta novela, que la mayoría de los uruguayos todavía no conocemos. *
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