Brasil votó sin miedo de ser feliz
GABRIEL MAZZAROVICH
El domingo cambió la historia de América Latina. Más de 50 millones de brasileños votaron por un obrero metalúrgico como presidente de Brasil, la novena economía del mundo y el país más grande de nuestro continente.
Lula es el líder del Partido de los Trabajadores, que él ayudó a fundar hace apenas 22 años, y que ahora es el principal partido político de Brasil y el más importante partido de izquierda a nivel mundial en lo que a respaldo electoral se refiere.
¿Qué se propone Lula? ¿Qué cambios impulsará? ¿Qué efectos tendrá su presidencia sobre América Latina? ¿Cómo influirá en el complejo panorama internacional?
Lula se proyecta como un referente ineludible de la política internacional, en primer lugar por ser presidente electo de Brasil y en segundo lugar porque es hoy el mandatario con mayor respaldo popular del mundo: más de 50 millones de votos.
Lula, el PT y las fuerzas que lo respaldaron, colocaron como centros del debate electoral en Brasil la desocupación, la pobreza, la educación, la salud, el derecho a la vivienda; es decir todos los temas que los gobiernos actuales y su credo neoliberal dejan de lado.
Lula es un presidente que habla de los temas que los demás no tocan, que no dice amén al ALCA, al que califica de «anexión más que integración», que apuesta a la integración latinoamericana para negociar desde posiciones de fuerza y exigiendo trato igualitario con EEUU y Europa.
A cuenta de análisis posteriores, hay un aspecto muy importante que merece unas líneas: ¿qué fuerzas políticas y sociales respaldan a Lula?, ¿es un triunfo de la izquierda?, ¿su programa de gobierno es de izquierda o es un invento maquiavélico para asegurarse los apoyos de la derecha y de las elites brasileñas?
Es cierto, como se ha ocupado hasta el hartazgo de señalar la prensa internacional, que Lula tiene un vicepresidente –Ze Alencar– que es de derecha y que es además uno de los empresarios textiles más importantes de Brasil, es decir de los más importantes del continente. También es cierto que lo apoyaron personajes muy importantes del empresariado de Brasil.
Pero no es menos cierto que la fuerza principal que lo respalda es el PT, que tiene una composición de militancia claramente obrera y popular, con una influencia muy grande de la CUT, principal central sindical de Brasil y el Movimiento de los Sin Tierra, además de la base progresista de la Iglesia Católica. También lo apoyaron, y no se dice, los dos agrupamientos políticos que nuclean a los comunistas brasileños, el PCB y el PC do B. En esta segunda vuelta lo respaldaron además los sectores políticos que representan el centro y la centro izquierda en Brasil: el PDT de Leonel Brizzola, el Partido Socialista Brasileño de Garotinho, el Partido Popular Socialista de Ciro Gomes y los sectores más progresistas del PMDB.
Es decir, es cierto que hay acuerdos con un sector de la derecha, pero no es menos cierto que por el contenido del programa de gobierno, por trayectoria personal e incluso por la composición política de la coalición electoral que lo respalda tiene claramente una definición de izquierda.
Lula propone en su programa de gobierno terminar con el hambre, hacer la reforma agraria, alfabetizar a todos los brasileños, instituir un salario mínimo digno para todos los brasileños, quiere liderar un proceso que termine con América Latina en una unidad política y actuando como tal en el concierto internacional.
Eso es una verdadera revolución interna y externa. Democrática, consensuada, pero revolución al fin.
Lula expresa una alternativa al neoliberalismo por el contenido de su propuesta de gobierno y por la forma en la que se propone aplicarlo.
Lula se presenta como un decidido promotor del diálogo y de la inclusión social.
Demostró tener una enorme capacidad de liderazgo para nuclear un amplísimo abanico político, social y religioso en torno a su candidatura.
El éxito de su gestión dependerá de que tenga la misma capacidad para articular esos apoyos para las medidas concretas que deberá tomar.
Lo que es claro es que el domingo hubo una sacudida enorme en América Latina, nada será igual: agora e Lula. *
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