El compromiso de la Intendencia con los montevideanos
BRUM CANET
En los 12 años de gobierno frenteamplista al frente de la Intendencia Municipal de Montevideo, los trabajadores municipales han aumentado su salario real al doble. También se modificó el sistema de ascenso y se regularizaron las categorías, permitiendo que los funcionarios asciendan por concurso y no a dedo. Se modificó totalmente la política de inversiones, privilegiándose a los barrios periféricos y/o carenciados (de Avenida Italia al Norte como dijo el Pepe D’Elía), en detrimento de los barrios que más aportan por ser los que más riqueza tienen. Se invirtió en políticas de asistencia (salud, alimentación, generación de empleo, operación frío polar, apoyo a víctimas de violencia, …). Se invirtió en servicios sociales (saneamiento, pavimentación, regulación y planificación urbana…), en políticas culturales. Al mismo tiempo, la Intendencia progresista sufre el acoso de los gobiernos blancos y colorados. Montevideo tiene que aportar más que las otras Intendencias al BPS, pagar IVA por las inversiones, pagar puntualmente los aportes a los organismos fiscales (a diferencia de las demás Intendencias que pagan tarde o no pagan), pagar todas sus cuentas a las empresas públicas, etc., etc.. Y todo esto en el marco de una administración equilibrada que ha controlado sus déficit, que ha combatido la corrupción, que ha mejorado sustancialmente la calidad de vida de la ciudad en el horizonte de sus potestades y posibilidades.
Esta administración se enfrenta hoy a una crisis económica de la que no es responsable, y sufre, al igual que la enorme mayoría de los uruguayos, la crisis provocada por las acciones (y las omisiones) del gobierno nacional de la coalición blanqui-colorada. En ese marco, la IMM no puede cumplir una parte del convenio salarial con sus trabajadores. Porque la única alternativa para cumplirlo (desde el gobierno municipal, donde no podemos crear impuestos a la renta personal, o sea gravar a «los más ricos», ni generar políticas reactivadoras o generadoras de empleo de envergadura), es aumentar los impuestos a la población. Y eso, la IMM no lo puede hacer, ni siquiera para favorecer a los trabajadores municipales. No se trata de cumplir la estricta letra de un contrato. No podemos decir que los contratos de los deudores en dólares deben suspenderse, que los pagos de la deuda externa del país deben renegociarse, porque las condiciones del país cambiaron, y simultáneamente exigirle a la IMM que cumpla su contrato porque éste involucra a los trabajadores. Porque los que pagan los impuestos también son trabajadores, jubilados, o desocupados, en su inmensa mayoría. Porque la recaudación ha caído, y si les aumentamos el impuesto a los autos usados, lo único que logramos es que se vayan a matricular a otro departamento. Y porque los aumentos generales de impuestos generan recesión, tal como se lo hemos gritado al gobierno nacional reiteradamente. Y además, porque en la vida democrática, hay otro convenio que tiene precedencia: el compromiso con todos los montevideanos de realizar un programa progresista priorizando a los más necesitados.
Ese es el marco de este conflicto con Adeom. Una dirigencia gremial que ha sido incapaz de ponerse codo a codo en la búsqueda de una solución que permita distribuir lo mejor posible la injusticia de una situación que creó el gobierno nacional, y que afecta a todo el pueblo. Que en vez de enfrentar a su verdadero adversario, patotea a la esperanza de cambio, a la esperanza de los trabajadores de este país, al Frente Amplio y a su gobierno. Y patotean a sus propios compañeros, a otros trabajadores que no comparten sus métodos y actitudes. Que se transforman en los enemigos de su propia clase, sirviendo a los intereses de quienes han conducido al país a la trágica situación actual, para defender sus intereses de cortísimo plazo, sin importarles el costo que eso signifique para los demás uruguayos, para los demás trabajadores, o para los demás sindicatos.
Ningún grupo de trabajadores ha duplicado su salario real en los últimos 12 años. Y sin embargo, al gobierno que logró eso, le hacen esta huelga intransigente, lo patotean, lo insultan, intentan amedrentarlo con una violencia que no hemos visto en ningún otro conflicto desde hace muchos años. Qué tristeza recordar cómo las contradicciones de la lucha popular ayudaron a la caída de Allende. Qué contraste con la esperanza latinoamericana que nos genera el triunfo de Lula y el PT, articulando alianzas políticas y sociales para un cambio a favor de los más pobres en Brasil.
Flaco favor le hacen estos sindicalistas a su clase, a sí mismos, y sobre todo, a su pueblo. *
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