Después de la coalición

Se ha producido la ruptura tan anunciada.

Los blancos abandonan sus cargos en el gabinete y –formalmente– es el fin de la coalición gubernamental. Sin lugar a dudas, se trata de uno de los hechos políticos más relevantes de los últimos meses y ha venido a sacudir el inmovilismo que parecía haber ganado a dirigentes e instituciones.

Aparentemente, el apetito de cargos y la conveniencia de ubicarse a la sombra del poder para gozar de sus beneficios se debilitaron frente a la amenaza cierta para el Partido Nacional de llegar a su total desdibujamiento y a su mimetización definitiva con el adversario histórico. Las cifras brindadas por las últimas encuestas hablan con elocuencia del descrédito en que ha venido cayendo la vieja colectividad de Oribe en la percepción de la opinión pública.

Ahora bien, más allá de las razones que hayan llevado al Honorable Directorio a tomar tan drástica decisión, corresponde analizar algunas cuestiones que tienen que ver con la conducta del nacionalismo de ahora en adelante.

A nadie escapa que en rigor, la presencia de dirigentes blancos en el gabinete del doctor Batlle no tiene una incidencia decisiva en la instrumentación de las políticas de gobierno. El retiro de los ministros nacionalistas no implica necesariamente el cambio de rumbo que todos esperamos; el fin de la coparticipación no significa un viraje automático ni un colapso institucional.

El hecho tiene, más que nada, un valor simbólico: el Partido Nacional toma distancia del gobierno y el Partido Colorado aparece como aislado; pero de ahí no puede inferirse que sobrevendrá una modificación espectacular en la correlación de fuerzas. La composición del Parlamento sigue siendo la misma.

De la estrategia que el Partido Nacional adopte depende que el paso dado el lunes adquiera una real significación o que no sea sino una jugada de distracción.

Porque en definitiva, si durante dos años y medio el Partido Blanco no fue capaz de incidir en el gobierno colorado de Jorge Batlle, si sus propuestas de reactivación y de políticas sociales fueron ninguneadas por el partido de gobierno, no hay demasiadas razones para suponer que esta ruptura pueda operar la necesaria presión sobre el Ejecutivo como para obtener ahora lo que no se pudo lograr antes.

Si a partir de ahora, en el ámbito parlamentario la coalición sigue funcionando de hecho, mediante las manos de yeso que reflejan los acuerdos de cúpula, entonces nada habrá cambiado y el retiro de los ministros blancos no habrá sido más que una cortina de humo, un movimiento sin consecuencias. *

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