La impagable deuda externa
Desde hace un tiempo LA REPUBLICA viene encarando el tema del endeudamiento externo que, más allá de otras dramáticas consecuencias, determinará que el país no pueda hacer frente a mediano plazo con los compromisos contraídos. Conocer el monto de los vencimientos a que se deberá hacer frente en los próximos años, muestra con claridad otra de las desastrosas secuelas de la política económica elaborada por el gobierno de Jorge Batlle, que logró establecer el juego retardatario contenido en las recetas del FMI, organismo que avaló cada una de las medidas y «castigó» al país en crisis con un incremento espectacular, con una seguidilla de préstamos -de los que ni un solo dólar sirvió para la reactivación económica- que nos han colocado ante el panorama desolador y ante la perspectiva de tener que negociar vencimientos de una deuda que de antemano podemos decir que es impagable.
Préstamos que además, por la irresponsabilidad de nuestros gobernantes, se fueron como agua en un canasto, esfumándose en un sistema financiero que ha terminado con bancos quebrados y banqueros que, si no están presos, se han enriquecido merced a las decisiones insólitas de un gobierno inoperante.
Desde enero a agosto de este año el país se endeudó en 4 mil doscientos millones de dólares, cifra que sumada a los 7.500 millones de dólares que ya se debían, determina que los vencimientos que se irán concatenando en los próximos años sean de 2.119 millones en 2003, 1.380 millones en el 2004 y de 2.470 millones en el 2005, año en el que asumirá el nuevo gobierno.
Las cifras manejadas son gigantescas e inalcanzables, pese a que el gobierno sostiene que tiene recursos, también prestados, para cubrir los vencimientos de 2003 y 2004. Por supuesto nada dice de 2005, ni tampoco nada hace para intentar poner al país en el camino de la reactivación, único mecanismo que podría acercarnos a una solución del problema.
No en vano el Directorio del Partido Nacional, en el último punto de su resolución del lunes, en que resolvió abandonar el gabinete ministerial, comenzando el desguace de la coalición de gobierno, afirma que es esencial para el futuro del país encarar el problema de la deuda externa, convocando para ello a todos los partidos políticos.
Diríamos que la resolución nacionalista, que expresa una preocupación que debe ser real, es más que tardía. Es que el partido de Oribe y Saravia, de Herrera, Wilson y Lacalle, es todavía -hasta que no demuestre lo contrario- integrante de la coalición de gobierno y como tal ha avalado cada una de las medidas adoptadas por Batlle y su séquito y, en especial, apoyó la demencial política de «salvataje» del sistema financiero, verdadera sangría para el país y que no ha tenido ningún elemento que pueda estimarse como medianamente atinado.
¿Qué otro camino queda ahora que no sea el de la negociación? Obviamente la deberá emprender el país en las peores condiciones, tratando de convencer a un FMI que seguirá reclamando ajustes recesivos los que, realmente, no sabemos cómo podrán concretarse en la actual y futura (hablamos del mediano plazo) coyuntura uruguaya.
El endeudamiento es un tema sobre el que los técnicos frenteamplistas han trabajado llegando a conclusiones gravísimas, intuyendo que la situación afectará a varias generaciones de orientales. Por ello, ante estos análisis y la comprensión que está teniendo el Partido Nacional sobre la magnitud del problema, es que ha llegado la hora de que se inicie un diálogo para buscar las soluciones básicas.
De lo contrario, se cerrará una larga noche para todos los que nacimos en este país. *
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