No habrá libertad auténtica sin socialismo
GUILLERMO CHIFFLET
Mi sentimiento actual es de alegría, con disposición a mirar, estaré atento a los hechos; sin precipitaciones, sin simplificaciones, sabiendo que los milagros no son instantáneos, pero con la avidez de todo militante de izquierda.
Desde ya, creo que es bueno analizar las fuerzas sociales que representa Lula, lo que es esencial para valorar a toda organización política.
En el debate preelectoral, según observadores cuyo juicio me importa, como algunos voceros del movimiento de los Sin Tierra, no se debatieron las verdaderas causas de los problemas. Se habló, sí, de apuntar hacia soluciones para superar la pobreza. Pero ¿se pueden superar los problemas de Brasil sin medidas sobre la enorme concentración de la propiedad de la tierra, por ejemplo?.
El único candidato que representó a fuerzas sociales que quieren cambios es Lula. Su origen (y su condición, luego, de líder de los trabajadores metalúrgicos) son otros factores a tener presentes. Pero la política suele tender trampas sutiles. Los acuerdos con sectores de centro o comprometidos contra el cambio pueden tener algunas consecuencias. Por ejemplo:
Comprometer la fe de sectores de izquierda, y hasta la coherencia de los partidos.
Por otra parte, los que sin pensar como el PT se unen a él pueden pretender aprovechar la correntada favorable a esa fuerza, que siempre algo deja y de la que quizá intentarán sacar partido derivándola de sus objetivos primordiales. La izquierda debe estar atenta a esas políticas.
Hay siempre, además, sectores que se consideran a sí mismos los más radicales y que simplifican, a su vez, atacando todo paso adelante con aliados objetivos que no sean definidamente de izquierda, cosa que a veces es necesaria, como ha demostrado la historia. Hay quienes posan de ultras y terminan abriendo camino a los conservadores, porque sólo siembran desconfianza. (Personalmente he conocido algunos casos de quienes critican las direcciones pero nada hacen por perfeccionar la organización desde las bases).
Habrá que atender, por tanto, a los hechos. La experiencia del PT será importante. Porque las experiencias permiten conocer los factores de avance o de retroceso. Y a partir del conocimiento de los hechos es que avanzan los pueblos.
La alegría actual de todos los heridos por la adversidad en Brasil nos conmueve a todos. Pero nuestras simpatías son hacia ideas y fuerzas sociales no comprometidas con la política neoliberal.
Tenemos años de experiencia como para saber que nuestra alegría se confirmará si la práctica así lo indica. La historia se escribe con hechos, más que con palabras, aunque éstas importan.
La realidad puede ser, lo sabemos, el ideal, menos algo. Pero a partir de avances concretos –los que muestre la práctica– se podrá saber si Brasil va avanzando: porque el ideal irá siendo la realidad más algo. Nos sentimos alegres: por Brasil, por Lula, por las fuerzas sociales de izquierda que convoca. Pero no hacemos seguidismo, ni nos subimos al carro de la victoria electoral. Aun en el fracaso, lo acompañaremos, si el gobierno es fruto de la participación popular; de una democracia desde abajo. Porque ya hemos observado todas las fuerzas intervinientes, antinacionales, y cómo los reaccionarios de todas partes (de Uruguay inclusive) han buscado crear alarma para intentar, vanamente, el avance de Lula.
Y esta no es una actitud que asumo hoy. Fui y sigo siendo allendista. Y la vida nos dice que se puede ser allendista y guevarista. En enero del 59 el Che le dedicó un libro suyo a Allende, expresándole: «Al compañero Allende, que busca lo mismo que yo, por otros caminos«.
Los dos tuvieron que empuñar armas contra la reacción. Ambos perdieron en el corto plazo, y triunfarán en la perspectiva histórica.
El ideal –que todos compartimos– es crear un sistema de libertad y socialismo que permita, en una perspectiva de transformación profunda, de revolución auténtica, enterrar las armas, como ha dicho recientemente Fidel.
Pero lo importante es sacar experiencia de cada lucha. No simplemente salir a agitar banderas.
Porque –salvando las distancias– cuando el Frepaso triunfó en la Argentina, quienes habían leído su programa (que importa releer) creyeron que esa era una victoria compartible. Y cuando resultó un desastre (porque pretender un gobierno de izquierda con bases en fuerzas pro capitalistas aunque se digan socialdemócratas es, siempre, una ilusión) hubo hasta colorados y blancos a la moda de los coaligados que pretendieron sacar partido de esos hechos. Como si la Argentina no demostrara que vender todo (como quiere el Fondo y algún sector del Partido Nacional y otro del Partido Colorado) funde al país.
Volviendo a Brasil: los Sin Tierra, los favelados, han encendido una esperanza. De ellos y de todos los sectores progresistas de la Patria Grande, en primer lugar, depende el apoyo a toda medida que puede darse, por el PT, en el sentido esencial de la historia.
Ojalá algún día pueda decirse que el proceso que hoy parece abrirse en Brasil se inserta en una verdad de la que estamos convencidos: todos, todos los pueblos se irán liberando, uno a uno.
Y el capitalismo, que es sólo una categoría histórica y como tal pasajero –como enseñaba Quijano– desaparecerá. Por ahora sabemos (y vuelvo a las enseñanzas de Don Carlos) que no habrá socialismo sin libertad, ni libertad auténtica sin socialismo. *
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