SACAPUNTAS

Otra vez

POR ANTONIO PIPPO

 

William James solía contar la anécdota de dos clérigos a quienes por error se les designó para el mismo funeral. El que llegó primero no había pasado de «…Yo soy la Resurrección y la Vida», cuando entró el otro y dijo: «…Yo soy la Resurrección y la Vida». James decía que ese desencuentro, en apariencia casual, dejaba la sensación de ser algo abotonado, encorbatado, planeado.

He recordado esto luego de escuchar un par de alusiones oficiales al procesamiento de Juan Carlos Blanco. Primero el ministro del Interior y luego el de Defensa, como los clérigos, se atropellaron a la entrada del funeral para dar el mismo sermón. No se trata de las críticas que legítimamente pueden hacerse a la sentencia; estarían ejerciendo un derecho que también tenemos los periodistas y el ciudadano común. Se trata de su ominosa apelación a peligros que no son descritos sino sugeridos; el sermón se transforma entonces en una inducción socialmente perniciosa, con el objetivo de causar duda, preocupación y, tal vez, miedo.

Si aquí hay un estado de derecho, lo único admisible es expresar el pensamiento crítico en libertad acerca del fallo judicial; al cabo, y existiendo como existen las garantías de la apelación, no cabe otra cosa que aguardar el final del proceso. Luego, y si así alguien lo sintiera necesario, podrá insistir en cualquier crítica fundada y respetuosa.

Lo otro procede del temor. En las sombras, y no tanto, se siguen moviendo unos viejos fantasmas uniformados que penden todavía  y eso es lo terrible  sobre esta frágil democracia.

Un ministro de gobierno no debe temer. Un ministro de gobierno está obligado a velar por la paz pública. Un ministro de gobierno debe decir la verdad acerca de lo que pasa a la sociedad, sin incurrir en verbalizaciones difusas que, lejos de permitir a los ciudadanos que analicen y juzguen con responsabilidad lo que ocurre, les inducen a una suerte de ilusión óptica.

Y toda ilusión óptica se basa en erróneas deducciones efectuadas por la percepción cuando no se dan condiciones adecuadas a nuestro aparato visual. *

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