La nueva "subversión"
En la vida existen niveles de entendimiento, de mediocridad, de genuflexión y, por supuesto, de subversión. ¿Por qué decimos esto? Es que analizar lo ocurrido en los últimos días, luego de que la Justicia procesara al ex canciller de la dictadura Juan Carlos Blanco, de inmediato por lo menos dos ministros de Estado se convirtieron en portavoces de los sectores más recalcitrantes de la derecha militar, dejando trascender veladas amenazas de que la medida judicial, adoptada por el juez Eduardo Cavalli, resolviendo favorablemente un pedido de procesamiento de la fiscal Mirtha Guianze, podría desestabilizar la paz lograda luego de que se cumpliera en todos sus extremos la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado.
A ninguno de los ministros, que han tenido expresiones disímiles sobre el pasado oprobioso que vivió el país durante la dictadura, se le ocurrió pensar que estaban ingresando al peor juego, el de aceptar el terror que imponen los nostálgicos, que actúan con los viejos mecanismos ideológicos establecidos en la bochornosa Doctrina de la Seguridad Nacional. Y ello es muy grave, porque por ese camino, el de la intransigencia, sí que reaparecen los fantasmas del pasado. ¿Por qué el ministro Fau afirmó que con el procesamiento de Blanco se entraba en un camino que podría desestabilizar las instituciones? ¿Es que esa visión, o amenaza, se la trasmitió algún militar con los que se entrevistó para trasmitirles el respaldo del gobierno?
Si lo que suponemos es así, y el ministro no adoptó las medidas imprescindibles para terminar con esa desmesura, sumándose a una mediocre campaña de terror, debía pensar seriamente en renunciar a su cargo y ello, porque el camino de la genuflexión ante el poder militar se acabó en este país cuando cayó la dictadura y se restableció el orden en los cuarteles.
Sin embargo existe otro hecho, protagonizado por otro triste personaje, el coronel Regino Burgueño, que posee un profuso prontuario como violador de los derechos humanos, quien desenterró un currículum político de la fiscal Mirtha Guianze, con hechos que en términos generales enaltecen a la fiscal. Ahora sabemos que esta señora, como todos los uruguayos dignos, fue una opositora de la dictadura y militó políticamente en contra del «pachecato». Pero lo de este coronel no termina ahí: afirmó que en un allanamiento realizado en el domicilio de Guianze, hace quizás veinticinco años, se encontraron «profusos materiales de corte marxista y de un movimiento llamado obrero», además de indicar que la ahora fiscal fue detenida por gritarle «asesino» al presidente Jorge Pacheco Areco.
Se trata de una campaña de desprestigio, pero con el mismo tono de mediocridad tiránica en que cayó el país mientras estos tristes personajes tuvieron el poder. Los demócratas no tienen nada que reprocharle a la doctora Guianze y, mucho menos, luego de que este señor dejara trascender prontuarios elaborados por los «servicios». Hubiera sido mejor para la democracia que Burgueño informara de la reuniones que ha tenido con sus socios de la «Logia del Aquelarre», entre los que se encuentran José Nino Gavazzo, Jorge Silveira, Mario Cordero, Rodríguez Buratti, José Baudean, Ricardo Arab, etc. Siniestros personajes, todos ellos acusados de violaciones flagrantes de los derechos humanos, que están en libertad gracias a la Ley de Caducidad.
Militares que han logrado desprestigiar a niveles históricos al ejército de Artigas. *
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