SACAPUNTAS

Soros

 

El más espeso secreto sigue envolviendo las negociaciones que uno supone está haciendo el Ministerio de Economía para recomponer el sistema financiero.

El caso de los bancos suspendidos es un teleteatro. Al último plazo, el de la definición, lo han estirado tanto que se parece a los interminables salmos penitenciales de los orantes babilónicos: no tenía fin hasta tanto ocurriese un milagro.

Mientras tanto, todo el mundo habla de inversiones, pero a ninguna se le adjudica nombre propio. Tal vez la excepción haya sido Soros, de quien se ha dicho tendría interés en el Comercial. No es un tipo cualquiera. Y aunque esto no sea más que otra versión de vuelo corto, es bueno tomarlo como ejemplo de las sanas desconfianzas que Atchugarry no debe olvidar.

Si bien Soros no es Benhamou  es un inversor y no un filibustero- vale la pena recordar que precipitó la crisis del sudeste asiático al llevarse de allí, de forma inopinada, 17.000 millones de dólares de los fondos que representa; y gran parte del mundo cambió, para empeorar. Este hombre piensa en términos de interés  suyo, no de un país o una región  y lo primero que ha olvidado es aquella vieja idea aristotélica de que el dinero es estéril y no tiene derecho a la descendencia.

Soros, esté interesado o no en el Comercial, es un ejemplo de cuántos riesgos y de qué porte pueden acechar a un sistema financiero que ha salido a regalar pedazos para ver si reconstruye un todo que se hizo añicos. En el pasado ya metimos la pata. ¡Cuidado con qué entregamos, a quién y bajo qué condiciones!

Atchugarry no es un inadvertido y debería saberlo. Confío que evite lo que le pasó al ciempiés del cuento de Meyrinck, que marchaba coordinando maravillosamente el movimiento de sus cincuenta pies izquierdos y sus cincuenta derechos, cuando un sapo maligno se le cruzó y le dijo: «!Oh, venerable animal de muchos pies! ¿Cómo te las arreglas para levantar siempre el pie izquierdo treinta y siete cuando pones en el suelo el pie derecho treinta y ocho?».

Y el ciempiés, sorprendido, quedó quieto y ya no pudo moverse más. *

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