Nuevas negociaciones en el ALCA
A partir del 28 de octubre se inicia en Quito una nueva ronda de negociaciones gubernamentales sobre el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Su objetivo es dar nuevos pasos para liberalizar el comercio en todo el hemisferio, creando un gigantesco bloque comercial cubriendo a más de 800 millones de personas. El proyecto, iniciado por Estados Unidos bajo el gobierno de Bush padre, ha dado algunos avances más allá de las polémicas.
La cita en Quito terminará con una gran reunión ministerial, donde nuestro canciller debería estar presente junto a otros ministros de comercio o relaciones exteriores.
La propuesta del ALCA ha despertado mucha preocupación en el continente. La liberalización comercial que se ofrece implica ahondar o mantener la apertura de los mercados latinoamericanos, en especial en nuevas áreas como los servicios. Se mantienen todas las dudas si EEUU o Canadá harán aperturas recíprocas. Es mucho más preocupante que además se proponga un régimen de manejo de inversiones extranjeras y presencia de empresas transnacionales, donde se reducen drásticamente las capacidades de cada gobierno en regular sus actividades. El poder de cada Estado en decidir bajo qué condiciones se hacen inversiones o los sectores que protegerá, queda seriamente limitado. Incluso se pide que cada país reconozca una autoridad supranacional en los paneles de resolución de controversias comerciales.
Una propuesta de liberalización de este tipo tendría serios impactos en todos los países. Se corre el riesgo de quedar atrapados en un vínculo funcional especialmente con la economía de EEUU, sin capacidades de proteger a nuestras empresas locales. En el caso de Uruguay, así como en otros agroexportadores, se abren otros riesgos mayores, como la competencia que deberán enfrentar varios de nuestros rubros (por ejemplo, arroz uruguayo compitiendo con arroz de EEUU en los destinos regionales). De la misma manera, si se intentara proteger algunos sectores, como por ejemplo ciertas actividades agropecuarias, se enfrenta la posibilidad de demandas comerciales por trato discriminatorio. Han existido varios casos dentro del Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte, donde ciertas empresas han demandado a gobiernos, buscando flexibilidades frente a las regulaciones estatales; ese mismo mecanismo se espera implantar en el ALCA.
Estos y otros ejemplos dejan en evidencia la enorme importancia de los temas que se tratarán próximamente en Quito.
El contexto bajo el cual se iniciará la reunión muestra diferencias destacadas desde el último encuentro de los ministros. En primer lugar, en EEUU, el gobierno de Bush hijo ha conseguido una autorización comercial de negociación desde el Congreso, lo que le permite encarar las tratativas con más agilidad.
Pero el Congreso incluyó una serie de condicionalidades que indican que posiblemente ese gobierno mantendrá una serie de medidas de apoyo y protección a sectores claves, como el agropecuario. Varias naciones latinoamericanas, como Brasil, ya han indicado que bajo esas condiciones no existen muchas posibilidades de lograr beneficios mutuos.
En segundo lugar, la crisis se ha generalizado en varios países latinoamericanos.
En especial Argentina ha sido abandonada tanto por organismos internacionales como por EEUU. Crece la impresión de que se ahonda el desinterés de Washington en la región, y en realidad el proyecto del ALCA aparece propulsado por un conjunto de empresas transnacionales que han ganado una pulseada frente al ejecutivo y el Congreso. Asimismo, se hace más y más evidente que negociar con EEUU es más que difícil. La promesa de un acuerdo de libre comercio entre Chile y EEUU todavía no se ha concretado, y cada nueva ronda de negociaciones enfrenta nuevas dificultades.
En último lugar, una victoria de Lula en Brasil tendría un fuerte impacto en estas negociaciones. Tanto en forma personal, como desde el programa de gobierno del Partido de los Trabajadores, se ha dejado en claro que Brasil no puede sumarse al proyecto del ALCA tal como ha sido planteado. Lula ha llegado a sostener que en los hechos implica una anexión a Estados Unidos. Esta posición es además acompañada por importantes sectores empresariales de Brasil, en especial la industria nacional, la que dispone de más de un estudio donde se le alerta que una aprobación del ALCA en su texto actual significaría prácticamente la desaparición de la producción brasileña.
El ALCA es un tema crítico, y la crisis que vive el Uruguay no debería convertirse en una excusa para desatenderlo.
Un tratado aprobado a la ligera puede impedir que el país construya, o reconstruya su industria, puede limitar seriamente los apoyos selectivos de reconversión agropecuaria, y tendrá impacto sobre las normas laborales y ambientales.
En las actuales condiciones que vivimos, debemos asumir que los contextos internacionales determinan nuestra futura capacidad de gobierno. Por esa razón es necesario atender a lo que sucede con el ALCA. *
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