El canciller tiene quien lo defienda

Resulta especialmente indignante leer, oír y ver las elaboradas reacciones de singulares personajes –la mayoría de apellidos muy conocidos– ante el fallo del juez Cavalli por el que fue procesado el ex canciller de la dictadura y ex senador Juan Carlos Blanco. Todo reo tiene derecho a ser defendido; esto no está en discusión, y este reo cuenta con su letrado formal, además de otros defensores que se han apresurado a manifestar su incondicional apoyo al procesado. De modo que el principio de la debida defensa, a salvo.

Lo que asombra son los argumentos de los defensores «ad hoc». Primero están aquellos que dicen «tener documentos de que Elena Quinteros está muerta», y que «informarán al Presidente de la República», y «que el juez se apresuró» y que «resolvió no esperar». La pregunta surge sola: ¿Niegan estas personas la participación del ex canciller de la dictadura militar en la redacción del infame informe y luego su participación en los ataques al gobierno de Venezuela desmintiendo que Elena Quinteros estuviera secuestrada? ¿No hay allí por lo menos complicidad con los terroristas de Estado, con los secuestradores y luego responsables de la desaparición de la maestra?

Todos estamos de acuerdo en que los que están protegidos por la ley de caducidad no deben ir presos: el soberano así se expidió sobre el punto. Pero, ¿lo está el ex canciller? ¿Es argumento exculpatorio que Elena esté muerta? Y en todo caso, ¿qué pruebas hay? ¿Dónde está el cuerpo? ¿Qué dice el forense? ¿O van a dictar un decreto declarando muertos a los desaparecidos? ¿Ignoran que en ese caso –el de la muerte de los desaparecidos– el delito no ha prescripto pues no cuenta el tiempo en que el país estuvo bajo la dictadura?

Por otra parte nos asombra la pequeñez –en todos los sentidos– de aquellos cuyos medios estuvieron al servicio de la dictadura, y hoy insultan a un juez y a una fiscal que con dignidad y sin que les paguen extras, actuaron a instancias de la gente honrada que quiere esclarecer los hechos, tema este del insulto que merece un «cero en conducta» en esta misma página.

Hay quienes votaron la impunidad creyendo que con ello cerrarían una página de oprobio sobre la cual era menester guardar silencio. Se equivocaron pero pretenden esgrimir los mismos argumentos ante el fallo judicial, aduciendo que tal decisión de la Justicia conspira contra la paz pues estimula el tener ojos en la nuca.

Y hay quienes votaron la ley de caducidad con el argumento de que si mandaban comparecer ante la Justicia a los militares responsables de violar los derechos humanos al amparo del terrorismo de Estado, éstos, luego, cuando se les necesitara para reprimir alguna huelga de Ancap, no les obedecerían… Sin embargo hoy estigmatizan al juez y a la fiscal.

Hay circunstancias en que se llega a pensar que el odio que la clase alta y parásita y sus secuaces tienen hacia la gente que se comporta con dignidad y honradez es tal, que si volvieran a darse los mismos hechos de los tiempos de plomo y en caso de ver cómo le metían un tiro en la nuca a un «subversivo», harían lo mismo: mirar para otro lado. Ellos nunca tuvieron ojos ni en la cara ni en la nuca. Tampoco tuvieron dignidad ni coraje. *

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