Sobre la situación en la prensa

 

El 13 de diciembre del año 2000, llamé la atención sobre la situación que vive la prensa y pedí al Senado que tomara cartas en el asunto realizando las gestiones necesarias para la búsqueda de medidas adecuadas a los efectos de solucionar una situación que se agrava día a día. Entendía necesario que la comisión respectiva llamara a los periodistas, a las empresas y a representantes del propio Poder Ejecutivo para, en conjunto, encontrar salidas a una situación que aparecía como catastrófica. Lamentablemente, los esfuerzos realizados no han sido suficientes, nada ha cambiado, por el contrario se ha agudizado.

Hoy quiero una vez más enumerar una serie de condiciones que siguen afectando a este conglomerado de trabajadores, que por el bien del país deben ser corregidas para impedir que por la vía de los hechos la democracia se vea afectada.

Desde 1999 a la fecha más de 500 periodistas han perdido su trabajo en Montevideo, en un gremio de no más de 1.700 trabajadores. No poseemos por el momento cifras de la situación –también dramática– de falta de trabajo que se está dando en la prensa escrita, oral y televisiva del interior del país.

En Montevideo cerraron diez medios de comunicación y otros muchos en el Interior, dejando en la calle no sólo a periodistas, sino también a obreros gráficos, técnicos y administrativos; proceso que a todos nos debe preocupar.

Como consecuencia de la crisis, existe otra situación que ha ido deteriorando el trabajo de los periodistas: la rebaja salarial verificada en casi la totalidad de las empresas periodísticas.

Las empresas, inmersas en una crisis inédita, recurren a la opción de las «pasantías», que a pesar de ser un mecanismo válido y necesario de formación, se desnaturaliza transformándose en una competencia desleal hacia los periodistas; que reduce el salario, modificando y precarizando las condiciones laborales, conspirando contra la propia información, pues deja de lado la capacidad profesional, sustituyéndola por «mano de obra barata». Esto trae aparejado una notoria pérdida en la calidad de la información y una caída del pluralismo en las opiniones, reduciendo el contenido del mensaje final, cuya sustancia sirve para fortalecer  repetimos  al sistema democrático.

Esas nuevas y dramáticas formas que ha tomado la relación laboral en los medios de prensa provoca el incremento de la autocensura que aparece al generalizarse la vulnerabilidad y la inestabilidad de la relación de trabajo.

La publicidad oficial y/o estatal que –bien sabemos todos– era uno de los principales sustentos de los medios de prensa, se redujo a niveles que algunos estiman en un cincuenta por ciento, lo que lesionó seriamente a las empresas periodísticas que han recibido por otro lado el embate de la recesión que vive el país, configurando una situación de crisis de brutal intensidad.

Publicidad oficial que se otorga sin apelar a criterios técnicos, lo que permite la discrecionalidad y supone la ausencia de garantías para las empresas periodísticas y produce, concomitantemente, un correlato perjudicial para la labor de quienes se desempeñan en la noble profesión del periodismo.

No quiero terminar sin antes reconocer a la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU) por su lucha en defensa de los derechos de los trabajadores de la prensa, la que va en paralelo con la defensa de derechos básicos de todos los uruguayos. Una batalla desigual y llena de dificultades. Porque a la situación laboral que se vive  recordemos que proporcionalmente el gremio periodístico tiene uno de los más altos índices de desocupación, superado sólo por el de la construcción– se le debe sumar el desamparo que viven los trabajadores de la prensa. La propia asociación ha denunciado que sus integrantes han sido víctimas de presiones y agresiones de diverso tipo que coartan, también, el libre ejercicio de su tarea que es la de informar.

Por ello hago llegar mi saludo a todos los periodistas del país, tanto a los que continúan en funciones como a aquellos que hoy viven el drama de no tener trabajo.

Quienes hemos sido elegidos para ocupar una banca en el Parlamento, representante esencial del sistema democrático, debemos comprender y valorar debidamente la tarea de los periodistas, sin los cuales nuestra labor no resonaría más allá del ambulatorio.

En vísperas del «día del periodista», deseo que estas reflexiones sirvan para que todos internalicemos cuál es la problemática de este grupo humano, de estos altamente calificados profesionales de la información que hoy viven en el ojo de una brutal tormenta, en una crisis inédita para ellos, para las propias empresas periodísticas y para el país. *

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