El sacapuntas

La aspiradora

Antonio Pippo

 

Los alemanes tienen una palabra para describir la llamada «economía de explotación»: raubwirtschaft (economía de ladrón). Bueno, da la sensación que en eso se ha inspirado el Ministerio de Economía.

Es que se ha convertido en una aspiradora; lo dijo el propio Atchugarry al confirmar que Rentas Generales había deglutido los primeros treinta millones de dólares por los que lloraba, desesperado, el sistema mutual. Unos días antes, el desconcertado Varela, ministro de Salud Pública, le había dicho a Brecha que el dinero estaba depositado en el Banco República. Y cuando el periodista se permitió dudar, contestó, molesto: -¿Qué quiere? ¿Que le pida la boleta de depósito?

Menos mal que no lo hizo. Ahora, Atchugarry trata de apaciguar los ánimos diciendo que algo les va a dar, y Varela -¿no lo nota desmejorado, lector?- anda pensando seriamente si valdrá la pena recluirse en una secta de penitentes mudos.

Esto no es serio.

Mucho se ha escrito acerca de lo que es capaz de hacer el gobierno para que le cierren las cuentas que presenta al FMI. Pero desamparar aún más la atención de la salud pública, y mentir por omisión durante meses, parece, visto con piedad agustiniana, al menos un exceso.

Por otro lado, Varela sigue aludiendo a dineros del BID que llegarían en las próximas semanas para las mutualistas, aunque todavía se ignore qué empresas calificarán finalmente para recibir la ayuda. Por si fuese poco, voceros del organismo financiero han afirmado que, en realidad, el préstamo fue concedido a Salud Pública y, por lo tanto, los controles que deben hacerse no son fáciles.

Esto no es serio.

Y a tal punto no lo es, que ha trascendido que habría quienes  vivos de este país donde los únicos giles somos los contribuyentes- están pensando en armar, a través de un 0900, un juego para adivinar qué tantas partidas con destino fijo van a parar cada semana al estómago de Rentas Generales. No, lector, no se le ocurrió a Atchugarry.

Y, claro, va a ser tan difícil como lo que hizo Heracles: fecundar en una noche a las cincuenta hijas de Tespio. *

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