Por un Uruguay libre de transgénicos

RAMON LEGNANI

 

A partir de las consultas que hemos realizado en medios académicos y a los productores, deseamos referirnos a la incidencia comercial que en el mercado agrícola uruguayo tendrá la incorporación de organismos genéticamente modificados -OGM-, mayoritariamente conocidos como «transgénicos».

El mercado interno en Uruguay, ya de por sí limitado, se presenta con demanda deprimida, por lo cual el mercado externo aparece actualmente como la única posibilidad viable para el desarrollo del agro. Ello acontece en un contexto de continuo deterioro de precios, por lo que debemos buscar segmentos de mercado diferenciados, con mejores precios y donde el pequeño volumen de nuestra producción no sea un problema.

En los tres principales cultivos agrícolas -arroz, trigo y cebada- los principales problemas son la calidad y las enfermedades.

La calidad es el factor clave en estos cultivos, sea para el acceso a mercados que brinden buen precio -en el caso de la cebada o del arroz- o para garantizar la comercialización, como ocurre con el trigo. En los tres casos, los problemas no se prestan a soluciones mediante la biotecnología genética moderna, constituyendo los métodos convencionales la mejor opción. En el largo plazo, los cultivares transgénicos se dirigen al mercado no diferenciado, y en el supuesto caso de que puedan significar una revolución en los rendimientos, correrán entonces con ventaja nuestros competidores, por su mayor volumen de producción, e impactarán a la baja en los mercados ya deprimidos. No contribuirán, entonces, al mejoramiento de la economía uruguaya en estos rubros.

Por otra parte, la producción orgánica en Uruguay -a propósito de la cual destaco que el próximo 22 de octubre habrá un seminario en el hotel Radisson Victoria Plaza, conjuntamente con representantes de Israel especializados en el tema de los cultivos orgánicos- cuenta actualmente con más de 250.000 hectáreas, de las cuales un 99% está ocupado por la ganadería. Involucra a unos quinientos productores, está certificada en alrededor de un 80% y comprende, además, los rubros de arroz, vinos, otros vegetales, frutas y miel.

Una vez habilitados en nuestro país, los cultivares transgénicos pueden afectar la comercialización de nuestros productos, fundamentalmente de los orgánicos, con importante repercusión en sus precios, pues en los mercados, principalmente en aquellos de mejores precios, existe un rechazo importante a los transgénicos.

La inserción internacional no debe confundirse con la apertura unilateral e indiscriminada, en la cual no se negocia la concesión de espacios en el mercado interno ni se seleccionan países con los cuales acordar concesiones recíprocas. Con la apertura a los organismos genéticamente modificados estamos atentando contra la producción, el comercio y el crecimiento de un sector en expansión de nuestra economía: el de los productos orgánicos.

Una vez difundidos los cultivares transgénicos, la posibilidad de mantener sectores de la producción libres de transgénicos es mínima. Existe el demostrativo ejemplo del problema surgido en Estados Unidos, cuando su Departamento de Agricultura debió admitir, ante situaciones internacionales, la imposibilidad de garantizar la ausencia de transgénicos en los lotes con relación al maíz Start Link.

De acuerdo con los informes recabados en ámbitos académicos y a lo que entiendo que aconseja el sentido común, este es el momento de declarar al Uruguay como país libre de transgénicos y de rever los permisos acordados para su introducción. *

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