A la Convención del Partido Nacional
CARLOS GONZALEZ ALVAREZ
Deseamos que la voluntad de más de 200 convencionales del Partido Nacional se concrete en una verdadera consulta al pueblo nacionalista.
Alguno argumentará que no es buen ámbito una reunión de 500 dirigentes para analizar tan delicado tema, como seguir con ministros en el gobierno de Batlle o retirarlos y ofrecer apoyo parlamentario.
Otros entienden que las cúpulas tampoco son buenas porque se aburguesan y muchas veces no les llegan los comentarios de la masa partidaria.
Probablemente todos tengan algo de razón, pero nos decía Herrera: «Entre el capricho de los caudillos y el capricho de las multitudes, prefiero el de estas últimas que es al fin y al cabo, el capricho de la soberanía».
Todos juntos opinando, tanto el que es capaz de convencer multitudes como quien humildemente ha servido y sufrido por su partido y en el café del barrio o la reunión familiar le pone el pecho a las críticas, tendrá ahora su oportunidad de expresarse.
En la Convención no tendrán cabida mandatos sectoriales o grupales sino que cada convencional debe actuar con independencia total: él no representa a ningún sector sino que es el portavoz de mil ciudadanos nacionalistas que le han delegado su opinión, por lo tanto no debe caber duda que los convencionales representan a los ciudadanos nacionalistas y no a los sectores del partido; ello inhabilita a las fracciones partidarias a emitir mandatos imperativos sobre cómo votar en la Convención o restringir la libertad de expresión del convencional.
En ese marco de libertad y fraternidad se habrá de escuchar la opinión de la soberanía partidaria ante tan controvertido tema de la coalición con el Partido Colorado. Coalición con ciudadanos nacionalistas ocupando cargos en el gabinete en representación del Partido, o ensayar una gobernabilidad desde el Parlamento.
La Coalición actual se comienza a gestar el 9 de noviembre de 1999, cuando el Directorio del Partido Nacional por unanimidad firma un acuerdo con el Dr. Jorge Batlle, documento que contenía más de cien medidas o temas para impulsar por el Dr. Jorge Batlle si era electo presidente. Cumplido el 50% del mandato presidencial ¿cuánto cumplió el presidente Dr. Jorge Batlle? Esto será sin duda un argumento a favor o en contra para decidir qué hacer.
En febrero de 2000 el Directorio decide por mayoría (se oponen los directores del sector del senador Larrañaga) integrar el gabinete con hombres propuestos y en representación del Partido Nacional. En el Comité Ejecutivo del Herrerismo se oponen a que existan ministros nacionalistas el Dr. Ignacio de Posadas y quien esto escribe, pero por mayoría el Herrerismo decide integrar el gabinete.
Así nace esta coalición que el Partido y el país aceptan en un pacto impuesto por la ley de la necesidad, dado que el Presidente electo no tenía suficiente apoyo parlamentario para gobernar.
Desde el punto de vista teórico, la coalición ofrecía un aspecto tentador para participar en el gabinete: dos partidos que representan al 60% de la ciudadanía, al parecer, dan la sensación de consulta, colaboración, entre los dos partidos históricos. Treinta meses de actuación del presidente Batlle nos enseñan que el patriótico gesto del Partido Nacional no ha sido correspondido.
Políticamente, la coalición como la entiende el Dr. Batlle, nos ha hecho daño a los blancos.
Hemos contribuido a que otro gobierne a su gusto, sin tener arte ni parte en las principales decisiones gubernamentales.
Hemos propuesto ideas, señalado errores, criticado la falta de ejecutividad, los meses de oro que se perdieron, las reformas que no se impulsan.
Ahí están nuestros ministros que sólo hacen… lo que el presidente Batlle les deja hacer, hasta para proponer prórrogas a un seguro de paro se debe pedir permiso, y ni qué hablar para construir viviendas o estimular las exportaciones.
Si todo esto fuera poco, a los ministros nacionalistas se les hace firmar en blanco la Rendición de Cuentas, de cuyo contenido se enteran cuando la misma llega al Parlamento.
Diría Herrera: «Acaso se sirve mejor al país pasando por nuevas humillaciones innecesarias que diciendo: ¡Alto ahí! Vamos a conversar y a discutir porque el tema lo requiere y porque así debe ser».
Todos a opinar en la Convención. Será el grito que surja de las entrañas del Partido, no le tengamos miedo a las reuniones de multitudes, tengamos miedo sí, y mucho miedo, a la apatía popular, al desinterés en la actividad partidaria y política porque eso trae consigo el germen del totalitarismo o a quienes se consideran «iluminados» y rehúsan escuchar o realizar la digna tarea de convencer a quien piensa distinto.
Lo del título: todos a la Convención a ratificar y apoyar lo actuado por el Directorio o a indicarle el nuevo rumbo. *
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