Turismo
Antonio Pippo
Aquí se sigue diciendo, en medio de la crisis, que hay que apostar al turismo. Convence más que el arroz que Batlle dice haberle vendido a los chinos (tal vez porque los asiáticos, a cambio, nos van a inundar de ajo).
Pero ocurre que nunca hemos sabido hacer turismo. Y entonces la factura es anémica y no crece.
Sábato ha contado que se enamoró de la meseta patagónica no sólo por su hermosura, sino porque un amigo le contó unas historias preciosas de gentes que la habitaron desde tiempos remotos.
He ahí la cuestión. No se trata de doradas playas, aguas transparentes, montes, bosques y barrancas, que las hay en todas partes. Tampoco de ramblas, hoteles ni climas. La contemplación de la belleza del paisaje y de las bondades de la naturaleza- se hace más conmovedora y queda grabada indeleblemente en la memoria, como una invitación al perenne retorno, cuando se la une a la historia de las vicisitudes del hombre.
En Verona nos guían hasta el balcón de Julieta al que trepó su amante Romeo, aunque Shakespeare jamás estuvo allí; y siguen yendo millones de turistas por año. Los tanos no son giles.
En Bruselas nos seducen mostrándonos la estatua del mannequin pis, el niño meón, y nos cuentan una improbable anécdota de desaparición y vuelta a la vida; y siguen yendo millones de turistas por año. Los belgas son muy vivos.
¿Por qué nosotros en vez de remarcar precios con la tonta pretensión de salvar en un mes los diez que cargamos a pérdida- no contamos a quienes llegan a Punta del Este las peripecias del matrero Lemos, que escondió el botín de El Salón en las intrincadas grutas de Salamanca? ¿O aquella historia de Gardel y Razzano que cayeron en Aiguá por una carrera de pingos y se quedaron a cantar en un boliche que aún existe? ¿O la increíble vida de Cayetano Silva, el músico carolino que compuso la marcha de San Lorenzo, elegida para la coronación de Jorge V, el regreso triunfal de Eisenhower y la asunción de Isabel II de Inglaterra?
Cambiemos el discurso. Preparemos gente para promover un turismo de novela. ¿No será un buen negocio? *
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