Fácil diagnóstico y difícil solución

 

Es mucho más sencillo hacer el diagnóstico del desastre a que nos llevaba el modelo impuesto por las corporaciones, enmarcado por el Consenso de Washington y concretado por gobiernos serviles, que plantear los necesarios caminos de la salvación nacional. Usamos esa terminología grandilocuente porque realmente es difícil esquematizar sobre caminos que deben comenzar a sortear tantos obstáculos. No era difícil predecir el cataclismo en que hoy vivimos, cuando medida tras medida el gobierno de Jorge Batlle, escandalosamente nocivo para el país, destruía todo aquello que funcionaba bien, regular o mal, pero que no estaba dentro de los marcos de los intereses del modelo.

El Uruguay es hoy –y no queremos pecar de agoreros– un país en disolución, que está perdiendo la mejor de su gente. Por un lado los jóvenes, pero paralelamente, la población culturalmente mejor preparada, sobre la cual se podría intentar la reconstrucción de lo destruido. La recesión y la destrucción de riqueza tienen otras manifestaciones negativas, como el aumento del peso proporcional del Estado, la marginalidad creciente de una población sin trabajo ni perspectivas, que está sufriendo además un proceso de desestructuración familiar, con sus consecuencias de agresiva violencia.

Por ello decimos que intelectualmente ha sido, para un analista sin preconceptos ni intereses personales que no sean contribuir al bien común, mucho más sencillo predecir el futuro de la aplicación, sin contemplaciones de las recetas, neoliberales, que plantear hoy los caminos para una reconstrucción nacional. El pozo en que está el país tiene bordes demasiado empinados para que podamos trepar rápidamente y además hay que ser conscientes de que todavía no ha finalizado la intención liquidacionista del gobierno. Ejemplo de ello es lo que se ha comenzado a hacer con el Banco Hipotecario (BHU), apoyo fundamental para la actividad de la industria de la construcción que, además, ha contribuido a solucionar la problemática de la vivienda de miles de uruguayos. No le pasa por la cabeza a nuestros actuales gobernantes terminar con los vicios de esa institución, modernizándola y ajustando su operativa a la necesidad imperiosa de reforzar la actividad de la construcción. Lo que hacen, tratando de cumplir con lo establecido por los neoliberales, es intentar matar a la institución para que el «negocio» lo tome la banca privada extranjera, y ello, porque nacional no hay más. Claro, se dice que el BHU es una institución fundida, imposible de reflotar y que si fuera privada ya estaría cerrada. Sin embargo nadie conoce los balances, ni han trascendido análisis sobre lo transcurrido para que se llegara a la actual situación. Todo es discrecional, como la mayoría de las afirmaciones que se escuchan por parte de la coalición de gobierno, sin pruebas. En definitiva, poco serio.

Con panoramas como este entonces ¿cómo comenzar a trepar por la ladera del pozo en que está el país? Las recetas pueden ser tan generales como las ensayadas por algunos, que hablan de tender puentes entre los sectores que creen que el país es viable, como hace algún sector del EP-FA, que acompaña opciones como las establecidas para la megaconcesión, engendro lamentable destinado a favorecer a algunos empresarios que han tenido relaciones de todo tipo con el Ministerio que los acoge y que en muy poco contribuirá en una mejora del empleo.

Claro que hay que hacer. De nada sirve limitarse a una oposición principista que paralice todo proyecto. Sin embargo los que todavía están sobre el caballo son quienes aprobaron siempre y sin reparos todas y cada una de las propuestas de Batlle. Ellos son responsables de la crisis y de que algunos nos planteemos la viabilidad de un país que está perdiendo, por vía de la emigración, los valores culturales que están atesorados en la gente mejor preparada.

¿Sobre qué bases se debe retomar la reactivación? ¿Qué puentes se pueden tender entre los progresistas y quienes, como el doctor Julio M. Sanguinetti, siguen manejando discursos intransigentes e ideologizados, propios de la década del ´60? *

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