Lula y el "pensamiento único"

Más allá de los análisis contrapuestos, que responden a distintos intereses y visiones, parece evidente que con el seguro triunfo de Luiz Inácio «Lula» Da silva en el balotaje que el próximo 27 se realizará en Brasil, habrá un claro derrotado: el neoliberalismo.

Ya el modelo, que desde su misma implementación mostró debilidades insalvables, fue incapaz de funcionar en un país, como Argentina, que cumpliera con todas las «recetas» aconsejadas por los teóricos formados en el llamado «pensamiento único» surgido de la Universidad de Chicago. La debacle argentina los uruguayos la conocemos perfectamente, especialmente cuando hemos recibido alguno de sus peores coletazos.

Por ello, en este panorama regional desolador, el triunfo del candidato progresista en Brasil no es poca cosa, especialmente porque ello significará que desde ahora en adelante el gobierno brasileño comenzará a pensar con cabeza propia y a dirimir las controversias, tanto internas como externas, sobre la base de un pensamiento distinto que, además, tiene como elemento fundamental la solidaridad.

Por supuesto, no es bueno batir palmas de antemano, ni felicitar a los brasileños por logros que todavía no se han comenzado siquiera a implementar. Tampoco podemos señalar que por sí mismo el triunfo de Lula determinará que de un día para otro comiencen a modificarse en Brasil las más perniciosas reglas de juego del sistema capitalista.

Hay muchos ejemplos a lo ancho y largo del planeta que exigen que seamos cautos en el análisis, especialmente por la razón de que el ex obrero metálurgico que llegará a la presidencia encaramado en una gigantesca oleada popular, debe remontar una situación plagada de contradicciones, en un país como Brasil donde la injusticia social predomina. Ello se verifica en cifras que dan cuenta de los niveles de vergonzosa pobreza que viven las grandes masas, y la riqueza exultante que ostenta una minoría, por supuesto, con influencia decisiva en los distintos gobiernos que se han sucedido hasta hoy.

Se debe aventar el triunfalismo y tener en claro que la tarea es ardua, llena de dificultades y que exige, a cada paso, la acción consciente de los sectores populares, que deben concienciarse de que de un día para otro será imposible modificar una realidad tan llena de contradicciones.

Sin embargo debemos entender que el presumible triunfo de este hombre, un luchador incansable por la justicia, tiene una connotación trascendente y está vinculada al cambio de signo ideológico. Asumirá un gobierno que intentará generalizar la justicia, que buscará que comience a imperar la solidaridad entre los distintos sectores sociales, que se lleven adelante planes sociales adecuados a las necesidades de los más humildes.

Podríamos seguir enumerando valoraciones conceptuales, que más allá de su implementación, tienen un denominador común: todas ellas violentan las concepciones más rancias del «pensamiento único». *

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