SACAPUNTAS

Combustibles

 

En Uruguay, cuando se dice que habrá otro aumento del precio de los combustibles, ocurren dos reacciones en cadena.

Puteada y resignación.

Uno putea porque está harto de que Ancap le saque plata en ancas de una antigua falacia: no hay más remedio por culpa del dólar y del costo del petróleo. Y uno se resigna porque, aunque patalee, igual le van a escarbar el bolsillo.

Hace unos meses, Luis Alberto Lacalle dijo que bastaba liberar la importación de combustible refinado para que el precio bajase no menos de un diez por ciento. Lector, ¿se imagina lo que eso significaría no sólo en la economía doméstica sino en el transporte, la producción y el comercio?

Lacalle tenía razón. Pero no pasó nada y él tampoco insistió, envuelto, tal vez, en esa suerte de tela densa de las negociaciones políticas.

Además, enseguida irrumpió en escena la vieja y a esta altura bizantina discusión sobre la refinería, sobre el futuro de los trabajadores de Ancap y sobre aquello de no vender el rico patrimonio de los orientales al bajo precio de la necesidad, histórica frase que se ha usado y se seguirá usando para cualquier cosa.

Este es el país de la verbosidad inveracunda (desvergonzada, lector). Porque la verdad está en otra parte.

Si se dice que Ancap está perdiendo dinero, ¿por qué no se dice que en gran parte se debe a los escandalosos negocios  por calificarlos piadosamente- perpetrados en la Argentina? Si se dice que Ancap no puede hacer otra cosa que aumentar los combustibles porque está subsidiando la suba del petróleo, ¿por qué no se dice que el precio interno es puro impuesto que va a Rentas Generales, a la barriga sin fondo de este Estado que padece catalepsia pero come cual un descosido?

¿Dónde está la salida?

Bueno, hay que achicar el Estado, racionalizar y hacer más justa la carga tributaria y bajar, como sea, aquellos precios que inciden directamente en la producción, la intermediación y el consumo. Fácil ¿no?

Sí, lector, pero por las dudas vamos a barajar de nuevo porque se vio una carta, como diría el Ventosa, un amigo del Jueves 5. *

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