De blanco a blanco: a recuperar las banderas
No sé por qué, me lo he preguntado muchas veces, surgió en mí el amor por la política; hoy estoy convencido de que es la mejor manera de servir a los demás.
He buscado muchos caminos para hacerlo, pero estoy convencido de que éste es el mejor, el más directo, en donde uno puede, dando todo lo que tiene, transformar aunque sea algo, la realidad de los uruguayos.
A los 10 años, y sin saber por qué, repartía listas de Wilson, amaba a ese líder, lo sentía como mi padre en la política, creía en él a ojos cerrados y me marcó a fuego su carácter, su forma de pelear, su sencillez al expresarse, su lucha por cambiar un país dándoles oportunidades a todos.
Más me enamoré de él cuando vi que no sólo los blancos lo admirábamos, sino que, de no haberle robado la presidencia dos veces, habría sido electo con muchísimos votos de la izquierda y otros tantos colorados.
En la explanada de la Intendencia, con once años, se me caían las lágrimas de ver la cantidad de banderas del Frente Amplio, de ver a uruguayos y uruguayas sin color político que querían ver a Wilson con la banda presidencial, porque era el presidente de todos.
Nunca olvidaré la última Navidad de Wilson en Avenida Brasil, con un pan dulce enorme, cuando en un momento comenzaron a bajar decenas de banderas coloradas, de la Corriente Batllista Independiente que venían a saludar solamente a Wilson, ese hombre que rompió las barreras partidarias, ideológicas, porque era ni más ni menos que la esperanza de todo un pueblo.
Con los años, mi militancia se hizo cada día más seria, a los 15 años repetí 4º año de liceo, tuve más faltas que presencias, porque me acostaba quizás a las 3 de la mañana colgando pasacalles en la Curva de Maroñas, o pintando muros, o armando actos o lo que fuese.
Es por eso que me siento con derecho a señalar mi pensar, mis preocupaciones y mis deseos de transformación por el partido al cual le dedico todo el día todos los días de mi vida.
Amo lo que hago y amo a mi partido, pero sinceramente estoy preocupado y dolido.
Preocupado porque veo que el agua se nos escapa de las manos, que se nos va este hermoso instrumento que es el Partido Nacional, que hemos perdido credibilidad, que estamos acorralados frente a una dura crisis como la que atravesamos, que hemos dejado espacios enormes en los gremios, en los barrios, en localidades del Interior, en sectores que siempre trabajaron con nosotros, y estamos perdiendo por sobre todas las cosas, el sentido de pertenencia, siendo el partido con menor nivel de pertenencia de los tres.
Estoy dolido porque veo que los distintos líderes no reaccionan frente a esta realidad.
Respeto mucho al doctor Lacalle, por distintas razones nunca milité por él, pero sí lo considero un político activo, inteligente, trabajador. Trabajé con Juan Andrés Ramírez a quien considero una gran persona, un hombre de bien, con buenas intenciones y a quien apoyé convencido.
A partir de las internas de abril de 1999 comencé a trabajar con Jorge Larrañaga. Creo que Larrañaga es quien tomará las banderas nuevamente de mi partido, trabajo junto con él, creo que tiene la capacidad de interpretar a los blancos y a los que no lo son, incluso de poder hacer regresar a los 200.000 a 250.000 nacionalistas que hoy por hoy votan a Tabaré. Estoy convencido de que es la opción para un gran cambio, para que nuestro partido sea opción de gobierno.
Soy blanco y moriré blanco, quiero a mi partido como nadie, muchos lo querrán como yo, pero ninguno más que yo.
Siento, queridos compañeros, que estamos como un corcho en el río: flotamos, no estamos en la agenda de la gente. ¿A quién representamos hoy? ¿Al agro? No. ¿A la industria? No. ¿Al comercio? Tampoco. ¿A los que menos tienen? Tampoco. Estamos muriendo con las botas puestas, abrazados a una coalición sin sentido, unidos sólo por una serie de cargos, importantes quizás para tener una estructura, pero que nos atan para transformar la realidad, nos condicionan y nos ponen a la misma altura (cuando no más abajo) que el propio Partido Colorado.
Partido Colorado que nos abandonó en nuestro gobierno, Partido Colorado que hizo campaña a favor del Sí en la ley de empresas públicas, que se opuso sistemáticamente a la ley de reforma de la Seguridad Social, que nos interpeló todos los ministros, que nos quitó el banquito cuando quiso (Sanguinetti a los 15 minutos y Batlle a los pocos años).
Partido Colorado que no fue responsable con los blancos, siendo una máquina de impedir transformaciones.
No actúo por rencor, menos aun tengo permanentemente los ojos en la nuca; los tengo en el presente, un presente que necesita de una colectividad que escuche a la gente. Todos los días estoy en contacto con decenas de personas que están desesperadas, que no saben qué hacer, que no tienen trabajo, que no tienen comida, que deben en dólares, que les rematan el campo, que se tienen que ir a un rancho porque no tienen para la luz ni para el agua ni para nada.
Todos los días sé de un amigo que se va del país y no sabemos qué responderle.
A esa gente, ¿qué respuesta le damos? Lamentablemente no tenemos respuestas.
Entiendan que un partido tiene que usar el poder para mejorar, para transformar, y nosotros ese rol no lo estamos logrando.
Soy partidario desde hace mucho tiempo de no integrar la coalición de gobierno. No quiero que excelentes compañeros que están en el gabinete no tengan posibilidad de transformar la realidad, que estén atados de pies y manos.
Estoy cansado de ver cómo los legisladores blancos tienen que hablar por los colorados, porque lamentablemente muchas veces ni el Foro Batllista acompaña al gobierno y somos nosotros los que tenemos que sacar las castañas del fuego.
Llegó la hora de dar un paso responsable, de no sacarle el banquito a Batlle pero sí poner límites: el gobierno es colorado, nosotros somos los blancos, los nacionalistas, y lucharemos por cambiar la realidad del país, desde afuera, sin tirar piedras sino construyendo mayorías para cambiar el destino.
Quisiera ver una Convención con los 500 convencionales opinando, diciendo su parecer, porque es la manera de darle transparencia y democracia a los partidos y ojalá todos hicieran lo mismo.
Por eso es que les pido a todos, que con serenidad analicen la realidad que nos toca vivir, que escuchen a todos los compañeros del país, que piensen en todo lo planteado e incumplido por el actual gobierno.
Para poner dos ejemplos de compañeros de otros sectores, excelentes legisladores y mejores compañeros, un año estuvo Borsari con carteles pidiendo la disminución de aportes a la construcción, y cuando sale, sale mal reglamentado y tarde, porque ahora ¿quién va a construir?
La diputada Argimón, luchadora del área social, viene reclamando políticas sociales y la respuesta es recortes para el Iname, algunos salvados a través de la Rendición pero otros directamente se realizaron por resoluciones. Hoy el Iname atraviesa una crisis tremenda y no tenemos nosotros como colectividad nada para decir, no tenemos capacidad para cambiar esta realidad.
Quiero un partido que exija, nosotros pusimos a Batlle de presidente y es él el que tiene que implementar como primordiales los petitorios del Partido Nacional. No podemos seguir negociando todo como si fuésemos furgón de cola, pidiendo por favor las cosas.
Cuando hay una ley del Ejecutivo, ahí están los votos blancos, y cuando planteamos una serie de soluciones, tenemos semanas y meses para lograr los apoyos. Eso no es una coalición, eso es por lo que muchas veces nos toman el pelo y la gente pierde la fe en nosotros po
rque no podemos implementar las políticas que quisiéramos para los uruguayos.
Yo no quiero más coalición: quiero ser blanco, sin que me tilden de rosado, quiero recuperar las banderas, la credibilidad, el orgullo de ser nacionalista.
Les pido a todos que ausculten bien el sentir de la gente, que no se precipiten con discursos de responsabilidad, porque seremos responsables con o sin coalición, en lo único que cambiaremos será en el ser más libres, para que todos los nacionalistas juntos, podamos transformar una realidad alarmante para todos los uruguayos. *
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