Precisiones estratégicas
En su edición de ayer, LA REPUBLICA daba cuenta de una serie de definiciones políticas del presidente del Frente Amplio-Encuentro Progresista. No se le podría reprochar al doctor Vázquez su lenguaje confuso. Ni su indecisión.
Más allá de las opiniones que merezcan las orientaciones de la fuerza política que preside, los pronunciamientos hechos públicos el día miércoles 9, a través de la audición semanal del Frente Amplio, constituyen un punto de referencia esclarecedor en una escena política donde el lenguaje que soslaya y elude se ha extendido como mala hierba.
Tanto para sus partidarios como para sus adversarios y enemigos, la claridad con que se defienden las posiciones es un atributo innegable. También, como resulta obvio, son una virtud vista desde el ángulo del analista, enfrentado demasiado a menudo con los discursos que se estancan en el gre-gre cuando lo que todo parece indicar es que quisieran decir «Gregorio».
El país tiene un gobierno. Blancos y colorados coparticipan de él.
Si gobernar es actuar con vistas al futuro, a las nuevas generaciones, lo está haciendo mal. Las políticas educativas no pueden ser más erráticas, los planes de reactivación inexistentes, la atención de la salud está a un paso del colapso, y así sucesivamente.
Si gobernar es poblar, lo de la coalición es la corrida hacia afuera.
Y sobre esas líneas políticas del gobierno está instalada la obcecación y la intransigencia, el gobernar a las apuradas, improvisando y en secreto.
Del gobierno, a esta altura del quinquenio, no cabe esperar otra cosa que la repetición de las ideas y actitudes que ha venido desarrollando en los dos últimos años.
El factor de movilidad política radica en la oposición.
Sucede que en la oposición han surgido divergencias y algunos dirigentes importantes, aunque minoritarios, no aceptan mantener esa tesitura opositora. Piensan en la conveniencia de plegarse, en tal o cual circunstancia, a las propuestas del gobierno. Procurando que sean las mejores posibles y tratando, para bien del país, sostienen, evitar que el fracaso de este elenco sea demasiado terminante.
En ese panorama se inscriben las consideraciones del doctor Vázquez. Señaló la necesidad, para su fuerza política, de lealtad y respeto a las resoluciones colectivas adoptadas democráticamente.
Esta exhortación y este reclamo de coherencia para una fuerza que es protagonista política de primer orden es comprensible.
El desfibramiento entre distintas tendencias de las fuerzas de izquierda y progresistas ante coyunturas nacionales críticas genera confusión y desconcierto, pérdida de vitalidad política, de identidad y de presencia, para la fuerza en su conjunto.
Obviamente, aumenta la visibilidad de los que aparecen como expresión de disidencia en su proclividad de acuerdos con el gobierno.
Vázquez sostuvo que, en tanto se cumplieron las instancias internas de debate y resolución, «no está dispuesto a engañar a los uruguayos sumándose a una ridícula farándula de discrepancias y agravios mediáticos».
Después de rechazar los criterios de la pasividad política, del «hacer la plancha» ante la gravedad de los asuntos que afligen a nuestro pueblo, el presidente del Frente Amplio planteó la perentoria necesidad de la reactivación económica, y de prestar atención a la emergencia social, «porque no es justo dejar a los pobres librados a su propia suerte», de asegurar la transparencia del sistema financiero y de racionalizar sobre bases de justicia el sistema tributario sobre la base que pague más el que tiene más.
Refiriéndose a la situación del país en la región y de su inserción internacional sostuvo: «No tenemos por qué resignarnos a la categoría de enanos pedigüeños y llorones en la que hoy estamos».
Finalmente, el doctor Vázquez llamó a luchar contra el conformismo y la apatía, poniendo el acento en las distintas propuestas de movilización que el Frente Amplio tiene planteadas.
Como decíamos al principio, se podrá discrepar, pero el planteo opositor es claro y neto. *
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