Lula: un aire de esperanza

 

En una gran potencia en ciernes como Brasil, futuro rival sudamericano en el tiempo del yanki le aparece en el horizonte una ráfaga de aire renovador que conceptualmente puede volver a encauzar al gigante por líneas nacionales independientes como lo hizo en otra hora con Getulio y Goulart.

Es notorio que después de esa época los norteños tuvieron tradición de gobiernos ultraconservadores comprometidos incluso con EEUU.

Supieron ser el ente testigo del sur de los EEUU como garantes de los distintos regímenes de facto de la región. Excelente escuela de represión y torturas entre otras menudencias, donde se «recrearon» técnicos de la «calidad» de Mitrione, pasaron por esas tiendas. Los antiguos derrocamientos de Getulio y posterior de Goulart, fueron «aprontes» previos en su momento del imperio, cuyos servicios «inteligentes» se veían venir épocas «bravas» y difíciles para sus intereses y oligarquías vernáculas a su servicio. Los levantamientos de los gobiernos de esas épocas en la América sureña se venían dando de tiempo: Revolución de Sandino, Perón, Bosch, etc., tuvo su eclosión con la revolución cubana, la peruanista de Velazco Alvarado y la chilena de Allende que desencadenaron en forma masiva las intervenciones directas o indirectas por mandato, de los yankis. Aparecieron en el tiempo los Stroessner, los Pinochet, los Banzer y Barrientos, los Vidella y por supuesto en Brasil los Castello Branco, entre muchos otros.

Regímenes que duraron todos hasta que a la USA les convino y tuvieron la tranquilidad que sus «intereses» y los de la oligarquías amigas estuvieran seguras. En el momento en que los movimientos nacionalistas populares perdieron fuerza y posibilidades de reflotamientos, o sea, morían las revoluciones, los mismos yankis, buscando mejorar la imagen internacional y «desconfiando» de los «amigos» que ellos habían puesto, les sacaron el «apoyo» y los hicieron caer. O sea, la muy vieja tesis del «preservativo». Se «tira» después de usado. Traición al fin, típica de los poderosos, que responden sólo a sus «intereses».

A partir de allí, reflotaron la antigua clase política que hacía años, buen resultado les había dado. Gobiernos sumisos de doctores abulonados a cargos políticos y diplomáticos, sin principios ni banderas nacionales, fáciles de corromper (estamos rodeados de ejemplos) comprometidos con organismos internacionales, FMI, Banco Mundial, etc., que responden en su esencia al imperio. Fue y es la realidad. Patrias endeudadas por tiempos indeterminados.

Gobiernos que corren presurosos ya sin «pantalones» ni prendas «íntimas» a pedir socorros que son endeudamientos ruinosos sin financiaciones reales, se entrecruzan entrando y saliendo por las puertas giratorias del FMI y afines. Futuros comprometidos de seguir estos regímenes, sin soluciones. Los pueblos castigados comienzan por rebelarse, aparecen movimientos y líderes reivindicadores de dignidades nacionales, libertades y defensa de las riquezas propias, como antaño. Surge la revolución bolivariana de Chávez, movimientos «inquietantes» que toman cuerpo en Colombia, todos provenientes del norte del continente donde abunda justamente el petróleo.

Lo cual hace que el peligro intervencionista yanki pase al realismo, claro está, después que terminen, como se anuncia, con Irak.

Es cuestión de tiempo. De allí, la importancia regional y continental del triunfo de Lula. No es un país débil, el Brasil, para subestimarlo. Se puede esperar un block progresista y nacionalista homogéneo y más fuerte en un futuro con Venezuela, Colombia, Cuba y Brasil.

que pueda servir y oponerse a la «bestia» imperial del sheriff Bush en el futuro.

Viejo sueño del libertador Bolívar de los nacionalistas posteriores.

Falta el sur. Por estos lares la realidad es más lerda. Tanto Argentina como nosotros estamos sumidos en las miasmas del FMI que nos auguran inflaciones del 50% o más para el año entrante. No somos precisamente una esperanza prometedora. Habrá que seguir «afinando» el diálogo de movimientos nacionalistas con los ya formados o a formarse, de ganar Lula en el norte.

Por allí, hay una «ventana» abierta donde pueda pasar una brisa fresca que dé a nuestra gente esperanzas de patrias libertarias, dignas y prósperas que impidan el desesperanzado éxodo que a diario vemos de jóvenes en las embajadas europeas, ejemplo la italiana, y que es la realidad lamentable en que nos arrastró las explotaciones, corrupciones, miseria y entreguismo al imperio. Lula puede ser una esperanza cierta. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje