Cooperación militar con Rusia
La noticia, divulgada en exclusiva por LA REPUBLICA en su edición de ayer, de que nuestro gobierno y el ruso han suscrito un convenio de cooperación técnico-militar es otra perla que se agrega al largo collar de desaciertos cometidos por nuestro gobierno.
Más allá de la posibilidad de cobrar la deuda que la Federación Rusa mantiene con nuestro país mediante la adquisición de armamento; más allá, también, de si correspondía solicitar la aprobación parlamentaria para la firma de dicho convenio, cabe preguntarse acerca de la real necesidad de suscribir un acuerdo de cooperación militar con el país que sea.
Desde hace ya mucho tiempo, el tema de las Fuerzas Armadas está en el tapete, y se suceden los cuestionamientos a la pertinencia de que un país de las características del nuestro cuente con efectivos militares preparados para una hipótesis de conflicto bélico francamente absurda.
Teniendo en cuenta esa realidad, a la que es preciso agregar la crisis brutal que vivimos y la necesidad de recortar gastos, resulta irritantemente paradojal que el gobierno gaste dinero, energías y neuronas en establecer acuerdos de cooperación militar.
¿Qué beneficio puede reportar a nuestro Ejército la firma de un convenio de tales características? ¿En qué medida puede ese acuerdo propiciar una disminución de la desocupación o una reactivación económica? ¿Mejorará en algo la calidad de la enseñanza que se imparte en nuestros deteriorados locales educativos?
¿Está en los planes del gobierno fomentar la industria bélica en Uruguay? ¿Es vital para nuestro país intercambiar información confidencial o secretos de Estado con la Federación Rusa?
¿En qué conflicto podríamos aplicar la experiencia del Ejército ruso en Chechenia? ¿Qué sentido tiene todo esto?
El Parlamento que tiene la sagrada obligación de desconfiar debe reaccionar y exigir toda la información del caso. *
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