No exportamos pero tampoco reactivamos

Otra de las pretendidas «profecías» del presidente Jorge Batlle no se ha cumplido. Las exportaciones del país, pese a la devaluación de un cien por ciento, siguen cayendo y nadie abriga ninguna esperanza de que esa tendencia se invierta. En el pasado mes de setiembre, comparado con el mismo período de 2001, las exportaciones cayeron un 18 por ciento.

La devaluación mejoró los precios relativos de Uruguay, la «competitividad» como gustan decir algunos economistas, pero eso no modificó la tendencia negativa de nuestro comercio exterior, especialmente porque la crisis económica está provocando otro fenómeno paralelo. La pata que toda empresa exportadora debe tener firmemente asegurada en el mercado interno se comenzó a resquebrajar cuando el gobierno optó por el camino recesivo, política que paso a paso sigue destruyendo lo que aún queda en pie del aparato productivo.

Es que un cambio de paridad de la moneda por sí solo no significa mucho si paralelamente no va unido a una fuerte política de reactivación que produzca bienes, a precios competitivos, que puedan ser atractivos en los mercados externos. Pero además existe otro factor, también largamente estudiado por la ciencia económica, inclusive en algún texto escrito para la Cepal por el actual presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, que sostiene que las empresas, tanto industriales como agropecuarias, que dirigen su trabajo exclusivamente a la exportación, son extremadamente vulnerables a las contingencias internacionales. Y de ello Uruguay tiene innumerables ejemplos.

Quien haya realizado un estudio de las empresas del sector secundario, las que primero han caducado, puede entender de lo que hablamos. Por ello, en un país chico como Uruguay, la vigencia del mercado interno  pese a su relativo e insignificante porte  es esencial para la existencia de la producción en empresas de las más distintas ramas.

La afirmación de Batlle es tan dislocada como muchas otras de este mal presidente de la República. Afirmar que se puede retomar la ruta del crecimiento por el incremento de las exportaciones, cuando se vive en una región profundamente deprimida y en un país que ha destruido su mercado interno, es técnicamente absurdo.

El país está viviendo en una situación límite. El Estado, como consecuencia del achicamiento de la economía y de la catastrófica destrucción de riqueza, pesa hoy proporcionalmente mucho más que antes. La recaudación no alcanza para pagar sueldos y jubilaciones, y, además, se mantiene un paralizante default con los proveedores del Estado.

Todo ello es el resultado del círculo vicioso en que ingresamos por la aplicación de un modelo inadecuado para nuestra realidad y que, además, ha demostrado su total caducidad.

¿Qué hacer entonces para recomponer la reactivación? Con el actual gobierno todo parece más complicado, porque aunque no se pueda entender, el presidente de la República se mantiene en su línea y no buscará de ninguna manera soluciones que lleven a reactivar la economía.

¿Entonces? Obviamente que el camino es en primer lugar político y en el fiel de la balanza está el Partido Nacional que, a costa de desaparecer como entidad política, no puede continuar apoyando toda esta política liquidacionista. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje