Paremos la mano

Hemos señalado en más de una ocasión la peligrosa tendencia hacia el autoritarismo que está tomando cierto discurso oficial.

En oportunidad de los saqueos a tiendas de comestibles, no faltó quien recordara que entre las atribuciones del presidente estaba la de decretar las medidas prontas de seguridad, en lo que más que un recordatorio parecía una sugerencia o una incitación.

Desde entonces, toda protesta social –desde los escraches hasta las más comunes y pacíficas manifestaciones pasando, obviamente, por la ocupación de los centros de enseñanza– motivó reacciones de alarma de parte de los sectores más conservadores. Fue posible oír voces que reclamaban orden, mano dura, respeto por el principio de autoridad, y otras consignas de inconfundible tufillo totalitario.

Un punto culminante en esta campaña conservadora e intolerante lo constituyen las inoportunas declaraciones del novel ministro de Defensa Nacional –de las que ya nos ocupamos en esta misma página– sosteniendo que las FFAA estaban habilitadas a intervenir para asegurar el orden interno ante las amenazas de desestabilización provenientes de grupos radicales.

Pero últimamente, al profesor Yamandú Fau le ha salido un émulo impensado. Alguien cuyo prestigio como jurista está fuera de discusión y que por tanto sorprende con su postura radical (pero de derecha). Desde hace un tiempo, el doctor Gonzalo Aguirre se ha convertido en un abanderado del principio de autoridad y lanza diatribas periódicas contra los estudiantes, contra la blandura de las autoridades –las de la enseñanza y las de la Policía– y contra las protestas que entorpecen la circulación vehicular y molestan a los vecinos del Centro y Ciudad Vieja. Exige una drástica acción policial destinada a prever movilizaciones y atascos del tránsito, y a reprimir a los revoltosos protagonistas de toda esa anarquía.

Pero el final del artículo aparecido en El País de ayer bajo la firma del ex vicepresidente de la República colma toda medida. Vale la pena transcribir ese último párrafo:

«Si por el temor a que lo trataran de dictador constitucionalizado o de presidente dictatorial, como lo trataron, el señor Pacheco Areco hubiera tenido tantas prevenciones y andado con tantas vueltas para mantener el orden y hacer respetar el principio de autoridad, quizá en 1973 –o antes– hubiéramos tenido igualmente una dictadura en nuestro país. Pero no de los militares.»

Si el doctor Aguirre considera que el principio de autoridad debe prevalecer por encima del de la separación de los poderes, si el orden institucional debe sacrificarse en aras del orden a secas, entonces el doctor Aguirre ha trocado el ideal wilsonista por el pachequista. Realmente, muy triste.

Esta justificación del avasallamiento del orden jurídico debe llamarnos a la reflexión para decir basta al clamor autoritario. *

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