La tolerancia de los coraceros

ANGEL VERA

 

Desde algunos ámbitos, incluyendo en particular la resolución de la Junta Departamental de Montevideo del jueves pasado, fue repudiado el escrache realizado frente a la sede del Foro Batllista el lunes 30 de setiembre. El hecho cuestionado, a secas, en estado puro, es indefendible.

Sin embargo tales miradas en general, han sido parciales en la medida que están contaminadas por un enfoque oportunista de un instante de la realidad. No analizan el contexto de la crisis uruguaya actual, ni la totalidad concreta de la situación social ni las perspectivas que perciben los jóvenes. Por eso dichas declaraciones son falsas. No miran con los dos ojos la cuestión estudiantil, no se preocupan por obtener una impresión de 360° ni por entender el mensaje de los jóvenes. Por eso son contrahechas. En particular, el oligopolio mediático ha presentado un discurso fragmentado y parcial, crítico de la protesta estudiantil, condescendiente con el autoritarismo oficial, pero omiso a la hora de reflejar el descontento y los legítimos reclamos.

Nos preguntamos si a alguno de los miembros del Foro le volaron un par de dientes, si alguno derramó una gota de sangre, si fue arrastrado de los cabellos o vilmente apaleado, si presentan hematomas… Nos gustaría saber si existen certificados médicos al respecto. Porque todo eso sí les ocurrió a los liceales del Liceo Miranda y del Liceo 11 en la madrugada del 29, hechos que las autoridades han omitido o tomado con indiferencia.

Valoramos la tolerancia, un principio cierto sólo cuando se aplica en todos los casos y no en una única dirección. Impugnamos la actitud esencialmente conservadora que oculta el autoritarismo oficial, que justifica el recurso de la fuerza, de la violencia contra jóvenes activistas y que después hace gárgaras de tolerancia.

En los últimos días hemos escuchado hasta el hartazgo hablar del principio de autoridad. Pues bien, este principio entendido a lo bestia, tomó coraceros por docentes.

Los estudiantes no pueden tratarse como objetos de la educación sino como sujetos del proceso educativo y de la lógica ciudadana. Sin embargo las autoridades de la educación y el Ministerio del Interior dictan un monólogo cerrado y tautológico y terminan optando por una «solución» policial al conflicto con los jóvenes insumisos, que también merecen respeto.

Eso es lo que todavía muchos parecen no haber entendido. Que los estudiantes son ciudadanos y que sus derechos no fueron reconocidos. Hoy soñamos con un Estado orientador y guía. Este deber jurídico no pasa por los coraceros. Viene al caso recordar que ante las denuncias penales de las autoridades de la enseñanza frente a las ocupaciones, la Justicia se pronunció acerca de la legalidad de la medida. Viene al caso recordar que la calidad de sujetos de derecho de los estudiantes está contemplada por la Constitución y por la Convención Internacional de los Derechos del Niño, ratificada por la Ley 16.137.

La brutal reacción oficial no ha podido apagar las esperanzas y el entusiasmo del movimiento estudiantil. *

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