Quién va a pagar la seguridad social
JORGE R. BRUNI
Según informaciones que nos llegan, la reforma de la previsión social y de la estructura tributaria del país son dos de las primeras medidas que en forma conjunta tomará Lula, en caso de acceder a la Presidencia del país norteño.
Dos temas cruciales sin duda. No sólo Brasil, Uruguay deberá hacer lo mismo
El desempleo anda en el 16 o 17%. Crece la informalidad, y con ello la precarización de las condiciones de trabajo. Como consecuencia de la caída del salario mínimo se vienen al piso las prestaciones de seguridad social que tienen como valor referencial al mismo: topes jubilatorios, seguros de enfermedad, asignaciones familiares, seguros de paro, etcétera.
Se explica entonces que según el Panorama Laboral 2001 para América Latina y El Caribe de OIT, Uruguay es el país en el que se dio mayor retroceso en cuanto a calidad del desempeño laboral.
La repercusión negativa en la seguridad social es obvia: se recauda menos, afectando la viabilidad financiera del sistema.
Las innovaciones tecnológicas y la persistencia para el futuro de las tendencias descriptas precedentes, al menos mientras se insista en las actuales políticas económicas recesivas, no permiten avizorar otra cosa que la profundización del deterioro laboral: desempleo, subempleo, informalidad, etcétera.
Cabe preguntar entonces: con ese panorama, ¿de qué bolsillos va a salir la plata para financiar la seguridad social del futuro más o menos inmediato?
¿De los trabajadores, cada vez más subempleados, informalizados y más precarizadas sus condiciones de trabajo, tal cual pretende el gobierno actual?
Resulta clara la insistencia del oficialismo de profundizar esa línea de desgravación de tributos patronales a la seguridad social.
Porque no es cuestión de hacernos los distraídos: hace muchos, muchísimos años que se desgravan parcial o totalmente los aportes patronales, siempre con el mismo pretexto, que nunca se concreta, de generar puestos de trabajo.
Las cifras de desempleo expuestas eximen de cualquier comentario.
¿De qué bolsillo entonces? Una de las calificadoras más conocidas, la Merry Linch, la que en los tiempos libres que le queda cuando no se dedica a calificar riesgos de países diversos, según convenga a sus representados, ha dicho que la riqueza de 280.000 latinoamericanos creció un 13% más que el promedio mundial.
Desde 1986 creció el 275%, siendo superior al crecimiento de los millonarios norteamericanos, asiáticos y europeos. Por ahí anda la cosa.
Uruguay no es ajeno a esa situación. Recordemos como al pasar, que la estructura tributaria uruguaya se caracteriza por la pequeña importancia que tienen los tributos que gravan la renta personal. Y dentro de estos últimos, casi los únicos que son gravados son los salarios y jubilaciones.
No en vano en nuestro país la participación del impuesto a la renta de las personas físicas en el total de su recaudación tributaria representa 1/3 del promedio general de 49 países relevantes del mundo desarrollado, América Latina, Asia, Europa del Este, Medio Oriente y Africa, y 1/5 si se le compara exclusivamente con los países desarrollados.
Volvamos a la propuesta de reforma previsional y tributaria planteada por Lula. Cualquier similitud con Uruguay no es mera coincidencia… Ese formidable economista que es el argentino Aldo Ferrer dijo alguna vez que en nuestros países subdesarrollados, resultaba más difícil nacionalizar empresas que hacer reformas tributarias que gravaran a quienes más riqueza tenían.
Lo dijo hace unos 30 años y pico. Sabía de qué hablaba. *
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