Medios de comunicación y plebiscitos
En el curso de la reciente huelga universitaria, desde fuentes de los partidos tradicionales se levantó con insistencia la propuesta de convocar a la realización de un plebiscito que permitiera el pronunciamiento de la masa estudiantil acerca de la continuación o no de la huelga.
La propuesta fue difundida con bastante intensidad por la prensa conservadora y, una vez más, el diario El País dictó algunas clases de «democracia» y de «verdadera democracia», conceptos que ese diario maneja ahora de manera sustancialmente distinta a la que empleaba cuando el señor Gregorio Ãlvarez usurpaba la Presidencia de la República.
Como era de esperar, los centros estudiantiles agrupados en la FEUU, de acuerdo con sus normas gremiales y las tradiciones de la Universidad, discreparon con esos criterios y reivindicaron sus propios órganos de decisión: las asambleas.
El asunto dio para algunas reflexiones equivocadas que merecen ser analizadas.
Así se pretendió establecer un paralelo entre la demanda de plebiscito para los estudiantes en huelga y la movilización que distintas fuerzas gremiales y políticas vienen impulsando en torno a la ley de asociación de Ancap.
Y recurriendo a una figura bastante simplista se concluye que los que suelen defender el plebiscito cuando es un arma contra el gobierno, lo rechazan cuando es un instrumento que se puede volver contra ellos. El plebiscito, aseguran, gusta o no gusta de acuerdo con las conveniencias. La izquierda, concluyen, es inconsecuente.
En primer lugar corresponde señalar que si bien es presumible que en la dirección de los centros estudiantiles que llevaron adelante la huelga exista una mayoría de militantes y dirigentes de izquierda, esto no es sino el resultado de los movimientos de opinión y liderazgo que se desarrollan libremente en cada centro universitario. No hay relación de subordinación ni de pertenencia orgánica con la fuerza política que reúne a las izquierdas en el país y es real y significativa la presencia de militantes «independientes», sin definición partidaria expresa.
La realización de un plebiscito en pleno desarrollo de una huelga, y de una huelga dura y difícil, en gremios que reúnen decenas de miles de personas es algo sustancialmente diferente a una campaña nacional de recolección de firmas para convocar una consulta popular sobre el destino de Ancap, campaña que supone una movilización de la ciudadanía en torno a un problema a discutir.
El plebiscito entre los estudiantes se presenta como un arma contra la huelga y de hecho contra la FEUU.
La preparación de una instancia de plebiscito nacional, regulado por las normas legales y la Corte Electoral es, antes mismo de la realización de la consulta en las urnas, una instancia democrática de participación y movilización cívica. En un tema que ya fue sancionado legalmente por el Poder Legislativo, se procura una ampliación y democratización del debate, en que se oigan más opiniones y pesen en forma directa los pareceres de la ciudadanía.
No hay, pues, simetría entre las dos situaciones.
De todos modos, el intercambio de ideas sobre plebiscitos sí y plebiscitos no, se debiera, a nuestro juicio, relacionar con otros aspectos que hacen también a las condiciones de la democracia en el país.
Nos referimos a los medios de comunicación y su control casi hermético por parte de tres grupos que detentan el manejo de buena parte de las emisiones tanto de TV, como de radio.
En la actualidad cualquier instancia de debate sobre cuestiones que hacen al destino del país tiene sobre sí el peso en contra de unos medios de comunicación que se brindan poco y mal a las voces de la oposición sindical y política.
Esto es válido para cualquiera de las instancias presentes o futuras que se incorporen a la agenda democrática.
Si no hay espacio en los medios masivos de comunicación para que se expresen las voces contestarias, cualquier consulta electoral arriesga quedar en manos de los todopoderosos operadores del oligopolio mediático.
Operadores que, dependientes del poder político que dispensa el uso de las frecuencias, suelen estar siempre del lado de los que mandan. *
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