La Universidad, de nuevo "variable de ajuste"

?Así bajaremos el "costo país"?

Escrito por: Escribe Carlos Santiago

Viernes 28 de abril de 2000 | 12:00
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Pese a la insólita satisfacción demostrada por algunos integrantes del gobierno universitario, la posición oficial en torno al azaroso futuro de nuestra principal casa de estudios, no difiere en nada de las sustentadas por los gobiernos de Julio María Sanguinetti y Luis Alberto Lacalle. En otras palabras, la Universidad de la República seguirá siendo la cenicienta en un marco de pobreza permanente, donde la ensenanza, en su conjunto, aparece como una de las más perjudicadas. Por eso es bueno recordar aquí los cantos de sirena lanzados por la coalición blanqui-colorada con el fin de mejorar su perfil electoral previo al balotaje del 28 de noviembre del ano pasado. Decían explícitamente que se mejorarían los sueldos de docentes, funcionarios de la administración central, policías y militares. Sin embargo, unos meses después, cuando el gobierno tiene más de dos meses de labor, se ha anunciado que los docentes y los funcionarios han sido excluidos y los aumentos serán sólo para policías y militares, pese a que estos últimos ya han recibido compensaciones como fruto de una reestructura aplicada a fines del gobierno anterior.

Esto no es sólo volver a las andadas y borrar con el codo lo escrito con la mano, sino la aplicación sistemática de una política que se reitera continuamente, gobierno tras gobierno, de menoscabo de algo esencial para el desarrollo del país, como es la ensenanza.

Un país progresa cuando lo hace su gente y, en ello la ensenanza en su conjunto, y fundamentalmente la superior, juegan un papel esencial. La discriminación que realiza el gobierno con los docentes, además de insólita, está contra la corriente preponderante en el mundo, achicando la posibilidad de que realmente nuestro país pueda escapar del subdesarrollo.

Entonces, ?por qué esa actitud cuasi masoquista de decir que todo va bien, que este gobierno tiene una visión distinta del problema y que, quizás, dentro del presupuesto quinquenal, se comiencen a vislumbrar soluciones para una problemática que está cuestionando semana a semana la existencia de cátedras y servicios, reduciendo la calidad de la ensenanza y achicando la capacidad de nuestra primera casa de estudios de adquirir conocimientos nuevos y volcarlos al medio, a través de la investigación científica o tecnológica? El rector Rafael Guarga lo dijo bien en las últimas horas, definiendo que el gobierno está olvidando el significado de la ensenanza superior y el bajo nivel de escolaridad terciaria y superior que existe en nuestro país en relación con el número de jóvenes que realizan estudios universitarios en el mundo desarrollado: aquí estudia el 27 por ciento, mientras que en otros países del mundo, esa proporción pasa del 60 por ciento. El no mejorar el presupuesto universitario, claro está, es otra forma de consolidar esta nueva discriminación.

Es bueno recordar también que los docentes de nuestra Universidad, que son el alma y el corazón de la misma, que construyen el conocimiento sobre la base de la trabajosa investigación científica y tecnológica, para utilizar esos resultados y hacer avanzar la ensenanza y, de manera directa o indirecta, al país en su conjunto, tienen como contrapartida los sueldos más deprimidos de la administración pública. Situación que no es producto de la coyuntura actual, sino de políticas permanentes aplicadas por los distintos gobiernos que, sin mayores cambios, siempre han minimizado la importancia de lo que se realiza en el ámbito educativo.

Por supuesto, ha habido razones políticas para tamano dislate, las que se han explicitado además infinidad de veces. Y ello no sólo por el desencuentro político que fue producto de las viejas luchas por la autonomía universitaria o por la existencia de telaranas generacionales de quienes siempre se opusieron visceralmente a los espacios centralizadores de actividades de los jóvenes, sino también por otras razones mucho más subalternas.

Recordemos que nuestra Universidad fue un lugar de resistencia democrática contra los desbordes autoritarios del “pachecato” y luego, hasta su intervención el 28 de octubre de 1973, de severa oposición a quienes pisoteaban lo establecido en la Constitución de la República.

Hay que recordar también que muchos de sus docentes-investigadores, como resultado de aquella intervención planificada al detalle en un operativo de “inteligencia”, demostrativo de las formas represivas que adoptó el llamado “terrorismo de Estado” para quebrar a todos los organismos de esencia democrática, no quisieron ser cómplices y renunciaron en masa. Tuvieron la dignidad de jugar su destino a favor de la democracia, iniciándose la recordada “fuga de cerebros”, una pérdida gigantesca que tuvo el país y de la que hoy, luego de pasados más de 35 anos, todavía no se pudo resarcir. Las universidades y los laboratorios del mundo acogieron con los brazos abiertos a los que se fueron, porque en el Uruguay sólo se respiraba el sucio aire de la tiranía, plagado de acordes marciales y de la aplicación de la Doctrina de la Seguridad Nacional.

Luego de restablecida la democracia muchos de los científicos que se habían ido volvieron al país, pero no pudieron sortear la característica principal de las políticas gubernamentales de menoscabo de la Universidad de la República, que se mantuvieron antes y que persisten hasta hoy. .

Los sucesivos gobiernos posteriores a la dictadura, por “miopía” de sus titulares y por los consejos de los organismos multilaterales de crédito, mantuvieron las mismas políticas que también se aplicaron durante el régimen de facto, que contrariaron no sólo a la Universidad de la República, sino también los mejores intereses del país.

Entonces, !que no se diga ahora que estamos en el buen camino! La Universidad de la República necesita un presupuesto adecuado, porque su desarrollo es uno de los motores para impulsar al país.

Con el gobierno de Batlle la variable de ajuste se ha mantenido inalterable: deprimir los sueldos de los docentes tanto de la Universidad como los de la ANEP y, por supuesto, de los demás funcionarios de la Administración Central.

El peor de los caminos.

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