Tamberos: protesta solidaria
Como una imagen patética del grado de descalabro a que ha llegado el país, miles de productores de leche resolvieron –como medida de protesta por el precio que reciben por su producto, que no cubre los costos– distribuir gratuitamente su producción entre los vecinos.
Recordamos que en oportunidades anteriores y ante coyunturas similares, en que el precio fijado es inferior al costo de producción, los tamberos optaban –como medida de protesta– por no vender la leche obtenida y preferían perderla, vertiéndola a la tierra. Ese recurso generaba la inmediata repulsa de la opinión pública, que advertía la paradoja irritante que ello significa; a la gente no le gusta que se desperdicie lo que sea.
Esta vez se tomó una medida de mucha mayor aceptación por parte de la comunidad, que concitó simpatías inmediatas. Pero lo que quizá no previeron los organizadores de la protesta fue el éxito de su convocatoria. Varios miles de compatriotas acudieron al llamado y, según consta en las crónicas publicadas en nuestra edición de ayer, en varias ciudades del interior pudieron verse largas colas desde horas tempranas.
Por el hecho de tratarse de un alimento perecedero, nadie puede aducir que hubo la menor intención de hacer acopio: quienes fueron a recibir dos o tres litros de leche lo hicieron con el único propósito de consumirla y de ahorrarse diez o quince pesos. Tampoco puede sensatamente suponerse que había alguno de esos compatriotas que acudió al llamado porque le da pereza cocinar, como alguien lo sugirió ante la afluencia masiva a los merenderos atendidos por diversas organizaciones sociales.
Una medida gremial se convirtió así en una muestra de solidaridad que permitió calibrar la verdadera dimensión de la crisis y concluir que son muchos miles los compatriotas con carencias alimenticias.
Poco a poco, a medida que la crisis se extiende, van cayendo uno a uno ciertos mitos incorporados a la idiosincrasia y a la conciencia colectiva de los uruguayos. Expresiones tales como «En este país no trabaja el que no quiere» o «En este país nadie pasa hambre» van pasando a la categoría de premisas de un país irremisiblemente perdido. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad