Desmesura en los liceos

CARLOS SANTIAGO

 

De nuevo hemos sido testigos de otra expresión de primitivismo represivo, del que hacen gala algunos que saben poco de derechos, menos de educación y tienen una repulsa objetiva por la democracia. Lo ocurrido en los dos liceos que hasta el sábado estuvieron ocupados es escandaloso y debe exigirse una inmediata explicación de parte del ministro del Interior, Guillermo Stirling y de las autoridades de Secundaria. Y, si se produjeron desbordes de la policía, de quienes llevaron adelante el vergonzoso operativo, que se adopten las medidas pertinentes.

Lo ocurrido es sólo explicable por la cultura medieval que todavía impera en la mente de algunos gobernantes, políticos y jerarcas policiales, que entienden que es valida, para que los «descarriados» comiencen a caminar «derechitos», la agresión física, la paliza de los «culpables», aunque con ese accionar se cometan delitos de distinta índole, como el de lecciones graves que es penado con cárcel.

Todo ello aunque el presunto delito del que se acusa a los estudiantes es la protesta que se expresa en las ocupaciones que, en todo caso, es un derecho que está amparado por la Constitución de la República.

La desmesura de la acción policial es tan bestial como absurda. Se utilizaron las fuerzas de choque para terminar con ocupaciones de adolescentes en liceos que, obviamente, un buen negociador hubiera solucionado desde hace largo tiempo. Por lo cual a la acción inaceptable de las fuerzas de choque se debe sumar la torpeza de las autoridades de la enseñanza, en donde se conjugaron dos visiones: la negociadora y la represiva. Los que instrumentaron el operativo bestial llevan consigo la misma mentalidad reaccionaria, en base a la cual se quiere reciclar a los presos que están en las cárceles, haciéndolos sufrir condiciones infrahumanas, utilizando la golpiza como acción de bienvenida. Por supuesto, bien lo sabemos, que mucha gente con mentalidad autoritaria, como algún diputado, reiteraron la necesidad de aplicar la línea dura para desocupar a los liceos. Los mismos que han sido sindicados como favorecedores de acciones desestabilizantes, como las que se produjeron en algunos supermercados.

Pero para ejemplarizar lo ocurrido, nos remitimos al testimonio de Juan Castillo, dirigente del PIT-CNT, que concurrió a un local policial para interesarse por los detenidos. Dijo lo siguiente: «Empezamos a ver gurises lastimados en la cara, en la cabeza, con golpes en el cuerpo. En el Liceo 11 lo más notorio era un golpe en la cara de un joven, que lo tomaron de los pelos y le pegaron contra una pared. A una gurisa, Leticia, le torcieron el brazo, y le empujaron la cabeza contra la camioneta, y el codo del coracero o un palo le dejó un chichón detrás de la oreja. Los policías les pisaron las manos, les pegaron con palos en el cuerpo. De los 21 que estaban adentro, nueve recibieron golpes, que fueron certificados por médicos. En el Miranda, a una gurisa le rompieron dos dientes», relató.

Que todavía se registren este tipo de hechos muestra las aberraciones que se viven en nuestra sociedad, en donde siempre la bestialidad se impone a la inteligencia, y la brutalidad es el método, al parecer idóneo, que prefieren algunos para resolver problemas que tienen relación con una aguda problemática que afecta a nuestra juventud.

Pero además, como en este caso, se aplica la desmesura de utilizar a cuerpos de choque para reprimir a adolescentes, en todos lo casos menores de edad. *

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