Elián, las autoridades de los EEUU y los cuervos
Es rico nuestro refranero español en enseñanzas amasadas por el saber popular. Pertenece al mismo el dicho: «cría cuervos que te sacarán los ojos», y la moraleja que éste encierra tan aplicable hoy a la autodenominada comunidad «cuban american» (esto último sí, en inglés, porque sólo así se puede explicar lo «bien» que hablan nuestro idioma –invito a que escuchen con atención a sus portavoces– y lo mucho que dice de «su» cubanía y patriotismo. ¡He aquí a los cuervos! Fueron creados, criados, entrenados y pagados para picotear la carne de su propia gente y hoy se vuelven en contra de sus protectores, los sucesivos gobiernos y autoridades (legislativas, judiciales y hasta del «cuarto poder») de los EEUU desde 1959 hasta la fecha.
Para no confundir al lector, una aclaración: no todos los cubanos que residen en los EEUU son integrantes de esta comunidad «cuban american» –lo demuestran las manifestaciones de unas decenas y aún de unos pocos cientos en un país donde viven cientos de miles de cubanos (744.830, según el último Censo de Población de los EE.UU.)– tampoco somos integrantes de ella los cubanos que residimos en otros países del mundo que aprendimos todos de José Martí que: «El que lastima a la patria cuando la patria se levanta, infame.
El que va rimando iras, cuando los demás olvidan el odio y se deciden a amar, infame».
Hoy incluiría Martí entre los infames a los que tratan de robarle un hijo a su padre escondiéndose bajo leyes extrañas; a los que inventaron leyes como la de la «Patria Potestad», al triunfo de la Revolución con el objetivo de sacar de Cuba a miles de niños cubanos bajo la famosa «Operación Peter Pan»; a los que disfrazan el odio a su patria con el odio al Presidente del país que los vio nacer; a los que acusan a Clinton de traidor por decir que el niño debe ser devuelto a su padre, como todavía acusan a Kennedy porque «Playa Girón se perdió en la Casa Blanca»; a los que promueven leyes en un país ajeno que como las muy conocidas Torricelli y Helms-Burton tienen como objetivo rendir por hambre a sus compatriotas (lo de compatriotas es un decir); a los que no comprenden, no pueden comprender –o dejarían de ser infames– que un padre digno no puede comprarse; a los que soólo quieren volver a Cuba a recuperar los privilegios perdidos: «su derecho» a discriminar a los negros y a los pobres, a vivir en la opulencia mientras la mayoría muere de hambre y enfermedades curables, a ser instruidos mientras la mayoría es analfabeta, a disfrutar de las maravillosas playas cubanas que habían hecho privadas, a vivir en el paraíso caribeño de las drogas y la prostitución… ¡infames!
Y son estos mismos hoy los que muerden la mano del amo, se niegan a cumplir las leyes del país donde residen y atacan a sus autoridades, a Reno, y al INS, a Clinton y a todo el que se niegue a hacer de Elián un rehén del odio (las mismas que, sin embargo, les permiten violarlas), los cuervos que les sacan los ojos a los que les concedieron residencia legal y la posibilidad de trabajar en los EEUU a todos los llegados ilegalmente, eso sí, ilegalmente, desde Cuba a partir del 1º de Enero de 1959; a los que los entrenaron y financiaron para que organizaran una invasión contra su propio país; a los que los financian todavía hoy mediante millonarias donaciones a cuenta del dinero de los contribuyentes norteamericanos; a los que pagan una radio y una televisión con la que deshonran el nombre de Martí; a los que compran gobiernos para que «condenen» a Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.
Todo el galimatías anterior (consecuencia de la política o de la no política exterior de los EEUU contra Cuba), creado por las propias autoridades norteamericanas, ha hecho que el gobierno de la nación más poderosa del mundo y su sistema judicial aparezcan hoy ante la opinión pública como impúdicas damiselas que se debaten entre permitir que se violen las leyes o tomar medidas contra los que las violan. Mientras, a los infames que murieron por primera vez cuando traicionaron a su patria, junto «a los cobardes, corrompidos, asesinos, impuros, hechiceros e idólatras, en una palabra, a todos los embusteros, la herencia que les corresponde es el lago de fuego y de azufre, o sea, la segunda muerte»(Apocalipsis, 21,8).
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