Asuntos pendientes

En estos días se siguen produciendo declaraciones originadas en el campo militar referidas a la cuestión de si tal o cual arma va a pedir perdón o no.

El tema viene siendo planteado, con diversas entonaciones y propósitos, en forma algo confusa.

En primer lugar, cuando en cualquier campo del quehacer humano se debate esta cuestión se parte de la base de que el pedido de perdón reposa, de parte de quien lo pide, en un acto previo de arrepentimiento, se asienta en una visión negativa a la que se llegó antes y «motu propio» acerca de lo que se hizo y se pensó en determinado período histórico.

Más o menos sobre esos términos se ordenó la comentada autocrítica de la Iglesia que condenaba una serie de conductas propias del pasado cubriendo una amplia gama de decisiones: desde la condena a Galileo y las persecuciones de la Inquisición hasta la actitud del Vaticano con los judíos y el Holocausto, pasando por la postergación de la mujer y los pobres y desheredados de la tierra.

Ahora bien, cuando, en nuestra particular contingencia uruguaya un sector de la población, los familiares de los detenidos desaparecidos, en nombre de toda la sociedad, está reclamando saber la verdad sobre la desaparición de personas, esto se vuelve prioritario en todo abordaje del tema, incluyendo la cuestión del pedido de perdón.

Sin saber la verdad ?qué sentido tiene pedir perdón? En segundo lugar, hay que considerar desde qué punto de partida como concepciones, como pensamiento, se puede encarar el perdón.

Todavía no se apagaron los ecos de las palabras del general del Ejército Manuel Fernández en las que se reiteraba con particular énfasis todo el repertorio de las ideas de la doctrina de la seguridad nacional.

Para pasar a examinar una cuestión como el pedido de perdón, primero habría que dejar aclarados los puntos de vista sobre los dichos y las ideas expuestas por el general Fernández.

?Qué se dice sobre esto?

?Esta es acaso una cuestión abstracta o demasiado teórica?

Creemos más bien que este país, como otros de la región, ya conoce, en su carne y en su sangre, qué significan estas ideas y estos discursos. No se trata, por cierto, de un juego de estrategia donde se trazan operaciones militares en un pizarrón para ilustrar a los alumnos en las ciencias de la guerra.

Es, por el contrario, una doctrina sobre la relación de las fuerzas armadas con las instituciones, con la democracia, con los partidos y la sociedad en su conjunto.

Es un cuerpo de ideas sistematizado, una doctrina.

La doctrina de la seguridad nacional en Uruguay quiere decir que los militares tienen asignada la tarea de vigilar, de tutelar el sistema político para garantizar que este no caiga en manos «del enemigo».

Entre 1973 y 1985, la doctrina de la seguridad nacional quiso decir capucha y plantón, rehenes y desaparecidos, sindicatos destruidos y la población dividida en ciudadanos «Clase A», «Clase B» y «Clase C».

Quiso decir miedo en las calles y en los liceos, miedo en las fábricas y en las redacciones de los periódicos, miedo en el teatro y en las radios, donde se prohibió irradiar hasta algunos tangos de Gardel.

Lógicamente quien sigue pensando en los términos de esa doctrina no está pensando en pedir perdón, sino que suena con seguir viendo en su frente la corona de laureles con que la historia premia a los vencedores.

?No era así como hablaban Queirolo, Gregorio Alvarez, Vadora y todos los demás golpistas?

Desde esa doctrina no hay perdón sino castigo, punición, anulación «del enemigo».

Saldemos, pues, los tantos con estas cuestiones del golpismo y el papel mesiánico de los militares, tal como piensa el general Manuel Fernández –?y cuántos más?– y sólo después se podrá empezar a reflexionar sobre el tema del pedido de perdón y todo lo demás.

Hay otro elemento sobre el que vale la pena reflexionar.

Han abundado, decíamos, los pronunciamientos militares; ahora bien, lo que llama la atención es que desde la conducción de las Fuerzas Armadas no se haya dicho una sola palabra sobre el significado que, para su área de responsabilidad, ha tenido el encuentro de la nieta de Juan Gelman.

?Nadie se hace responsable de haber omitido o falseado información sobre tema tan delicado?

?Se puede ignorar el hecho de que el encuentro de la nina Gelman ha derrumbado las mentiras oficiales sostenidas por las autoridades militares durante más de veinte anos?

Empezar por reconocer, desde las jerarquías castrenses, lo que en Uruguay todo el mundo sabe, sería un avance mucho más consistente que la difusa y escurridiza cuestión del perdón, tal como viene siendo planteada.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje