Una bocanada de aire fresco
De la parquedad dogmática con que se manejaba el anterior ministro de Economía, hombre totalmente insensible a los efectos de sus decisiones, al pragmatismo humanista del actual secretario de Estado, Alejandro Atchugarry, hay un enorme trecho que de alguna manera está comenzado a desatar nudos que se habían convertido en una traba política permanente.
Lo ocurrido el sábado, por ejemplo, con la llamada del presidente del Directorio del Partido Nacional, Luis Alberto Lacalle, al titular del Encuentro Progresista-Frente Amplio, Tabaré Vázquez, es quizás uno de los primeros síntomas de esa distensión que, es de esperar, haga reaparecer la esperanza de los uruguayos, elemento básico para restablecer la confianza que tanto se reclama desde el gobierno.
De acuerdo a lo informado por Lacalle, el Partido Nacional está dispuesto a votar en el Senado la venias respectivas que habiliten la integración, tal como establece la Constitución de la República, de la Corte Electoral y el Tribunal de Cuentas, de acuerdo a la proporcionalidad de los distintos partidos obtenida en los últimos comicios.
El paso dado por el líder nacionalista, que debe haber sido plenamente meditado, no es sólo importante para el país, es trascendente y casi determinante en la actual coyuntura para comenzar a reconstruir lo que en estos primeros años de gobierno de Jorge Batlle, fue deteriorándose: la confianza tanto en el futuro como en cada una de las acciones que se emprendían desde el oficialismo. Ningún uruguayo, de los más distintos estamentos sociales, podía aceptar las cínicas apreciaciones de Bensión, por no hablar de las afirmaciones erráticas y contradictorias del propio Presidente de la República. Tampoco era posible que alguien creyera en la prédica constante, multiplicada también por varios medios de comunicación, que por el reiterado camino recesivo se podía alguna vez llegar a un punto de equilibrio llegado el cual la tendencia de la economía sería distinta a la actual.
La designación de Atchugarry, más allá de las diferencias que hemos mantenido con toda la política que el también defendió, puede concretar que en el país comience a correr un aire fresco que contrastaría, pese a la crisis en estamos todos sumergidos, con el ambiente anterior, donde el declive acelerado al desastre era el denominador común.
El mantenimiento de Bensión en Economía hubiera sido una especie de partida de defunción para el país ya que su visión unilateral y dogmática hubiera acelerado el desenlace. Con Atchugarry se puede hablar, es un político comprensivo que tiene contacto con la realidad y no solo con los fríos números y los mecanismos de decisión vinculados a los organismos internacionales.
Lo malo es que la bocanada de aire fresco quizás haya llegado demasiado tarde, cuando el agua está superando ya el cuello de los uruguayos y una vuelta atrás -que igualmente se debe dar- no será suficiente para cambiar espectacularmente las cosas.
Pero, por lo menos, reimplantando la modesta esperanza de detener la caída, para lo que es necesario que se inicie una pujante política de reactivación económica, se restablecerá la confianza y el país podrá seguir funcionando y, con suerte, saliendo de una de las etapas más negativas de su historia.
El contacto Lacalle-Vázquez es quizás el primer resultado de esta nueva situación. Es de esperar que otro punto saliente de este nuevo clima se concrete en la reunión entre el ministro de Economía y la bancada de senadores del Encuentro Progresista que se está concretando por estas horas.
Para salir del atolladero es necesario que se conjuguen esfuerzos, para ello es imprescindible que se establezcan acuerdos políticos mínimos y, por supuesto, que en el país comience de una vez por todas a imperar la legalidad.
La integración tardía de los organismos de contralor no es un paso menor. Esperemos que se concrete. *
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