El Herrerismo y la renuncia de Bensión
El doctor Lacalle se ha convertido en el blanco de severas críticas a raíz de su decisión de exigir la renuncia del ministro de Economía.
Desde estas páginas y en reiteradas oportunidades hemos reclamado del Partido Nacional una actitud acorde con sus mejores tradiciones. Más de una vez habíamos hecho notar que el papel que estaba desempeñando como ladero del gobierno colorado lo conducía directamente a la identificación con el adversario tradicional y, en última instancia, a su eclipsamiento definitivo.
Dijimos el pasado17 de julio, después del frustrado intento de censura al ministro Bensión: «Los legisladores blancos, con la honrosa excepción del senador Jorge Larrañaga, han sorprendido a la sociedad toda y especialmente a su electorado, que sufre como cualquiera las consecuencias de la crisis. Dejaron escapar la oportunidad histórica de distanciarse de un gobierno que ya los ha contaminado con su desprestigio.
La tan esgrimida gobernabilidad –esa suerte de ‘responsabilidad política’ mal entendida– se ha convertido en la silla de ruedas sobre la que se desplaza penosamente un gobierno paralítico (…) No se confuda responsabilidad con prudencia ni madurez con temor; muchas veces, ser responsable exige una cuota de audacia y de coraje».
Pues bien, el Herrerismo pareció haber percibido que el costo político que habría de pagar por mantener la cohesión de la coalición de gobierno sería a la larga infinitamente mayor que el que habrá de pagar por haber «pateado el tablero». El doctor Lacalle demostró sensibilidad ante el drama que vive la población y ante el reclamo casi unánime de todos los sectores en el sentido de desplazar a un ministro que nos conducía directamente a la bancarrota. Porque el contador Bensión había perdido la confianza no ya de los uruguayos –de los trabajadores y de los empresarios– sino también la de los organismos internacionales en virtud de los resultados desastrosos de su gestión.
Después del ultimátum del líder herrerista ha sido posible oír airadas voces censurando su actitud por considerarla imprudente e inoportuna. Desde los medios voceros de la derecha se le reprocha haber roto el equilibrio de la coalición de gobierno sosteniéndose que el contador Bensión no debería haber sido desplazado pues sus gestiones ante los organismos internacionales de crédito estaban dando sus frutos. Los «frutos», como todos sabemos, no son sino las inyecciones de capital para salvar al sistema financiero, pero todos sabemos también –y ha sido un reclamo al que se sumó el Partido Nacional– que sin medidas de reactivación que generen fuentes de trabajo y mejoren el nivel de salarios, no habrá despegue.
Poco importa, en definitiva, si en oportunidad de la implacable interpelación realizada por el senador Couriel los senadores herreristas no sumaron sus votos al pedido de censura promovido por la izquierda (EP y NE) y acompañado por el senador Larrañaga. El resultado final, verificado pocos días después, es el mismo: el Ejecutivo tuvo que ceder y el ministro se vio obligado a renunciar. Es casi como si hubiera habido un pedido de reconsideración de la censura y en esa segunda votación se hubieran logrado los votos suficientes para pedir su alejamiento del cargo.
Muchos acusan al doctor Lacalle de demagogia. Nosotros entendemos, por el contrario, que se trató de un paso más que positivo que permitió destrabar una situación insostenible.
El líder nacionalista demostró haber comprendido cuál era el sentir de la población en general y de sus votantes en particular. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad