La derecha se radicaliza

La difundida sensación de estar asistiendo a la fase terminal de un largo ciclo de políticas de igual corte, lejos de propender a la morigeración de la prédica y las propuestas de las derechas políticas y económicas, parece exacerbarlas.

Por un lado, en el plano de la prédica, que siempre es un indicador sutil e indirecto, se entonan las voces que –frente al bloqueo a que ha conducido el sistema– sostienen que el único camino es acelerar las máquinas, despreocuparse de los efectos sociales de las decisiones económicas y cortar con la espada afilada del poder los nudos gordianos que atenazan el curso de la vida económica y social del país.

En este terreno resultan de interés los editoriales y comentarios de algunas de las publicaciones más cercanas y más comprometidas con el establecimiento financiero.

En el caso del semanario Búsqueda, por ejemplo, la emergencia política y bancaria lo ha llevado a convertirse cada vez más en una suerte de «boletín interno» de las clases adineradas. En sus páginas no hay la más mínima preocupación acerca de cuáles pueden ser los puntos de vista o las preocupaciones de otros sectores sociales.

El sesgo que se le confiere a la información y a los artículos de opinión tiende cada vez más a hacerlo el portavoz de un grupo esotérico, poderoso pero extraño, una suerte de secta mesiánica cuyos miembros se infunden confianza mutuamente, en tan libérrima como descocada despreocupación acerca del destino del resto de los mortales.

Esta automarginalización de la polis, de sus problemas, sus reglas de juego, y hasta de su humor, en un grupo pequeño pero pudiente, no deja de ser un dato preocupante.

En su edición del pasado jueves, el boletín interno ha difundido opiniones como la que transcribimos más abajo. Leídas en el contexto de un país angustiado y al borde del abismo, estas líneas dan una idea cabal de lo que intentamos decir.

En su columna de la página editorial, Michele Santo desarrolla su interpretación acerca del momento que se ha abierto en el país con el nombramiento de Alejandro Atchugarry como ministro de Economía.

Sostiene que la tarea del nuevo ministro es monumental, «porque el tiempo se está agotando y ya ni siquiera se mide en meses sino en semanas».

Para el radicalizado analista, «el desplome de los precios de los bonos uruguayos y la sangría de los depósitos que enfrenta el sistema bancario vuelve necesaria la adopción urgente de medidas drásticas (…)»

Para Santo los únicos cambios deseables son aquellos que le den oxígeno al sector privado a través de una baja sustantiva de impuestos y agrega: «Aquí es donde el ‘rol político’ del ministro Atchugarry puede ser de gran utilidad, o puede constituirse en el último acto de la tragedia» (…)

La única preocupación del analista es bajar drásticamente el gasto público total. Para el sistema político esto debiera constituir la prioridad número uno. Todo lo demás, incluyendo por supuesto cualquier esfuerzo por reactivar el sistema productivo, debe ser postergado hasta la obtención de esta meta.

Si partimos de la base que con la gestión del ministro Bensión el gobierno dio pasos decisivos en materia de reducir la inversión pública y que esta decisión –intensificada para el ejercicio 2002– es uno de los elementos centrales que en materia de corte en los gastos de inversión se establecen en la Rendición de Cuentas, con su secuela de creciente desempleo y recesión, estamos en condiciones de aquilatar la radicalidad y el extremismo que estas posiciones sustentan.

La defensa a ultranza de los supuestos del proyecto de ley de Rendición de Cuentas, que propone cortes, privatizaciones y cambios al lado de los cuales la Ley de Empresas Públicas impulsada por el gobierno de Lacalle en 1992 es una tímida tentativa, muestran la fuerza de las presiones de la derecha política y económica.

Todo parece indicar que será necesaria mucha tenacidad, y también mucha fuerza, para evitar que la crítica coyuntura por la que atraviesa el país se constituya en una nueva vuelta de tuerca en un sentido más que conservador, abiertamente reaccionario. *

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