La inesperada visita del Mayor Oreja

LEOPOLDO AMONDARAIN

 

Lo primero es lo primero. Ubiquemos para los que conocen poco lo internacional, al personaje y los hechos.

El Mayor Oreja es un vasco réprobo, del PP español ex ladero de Aznar, que al igual en su momento en el Uruguay lo fue J. Carlos Gómez que no se sentía ni quería la independencia patria sino ser súbdito argentino y por ende nuestro territorio simple provincia aporteñada, niega ferozmente la soberanía y derecho a la libertad de su tierra Euskadi. Le encanta y desea seguir sometido a la nostálgica bota imperial española.

O sea, puede ser un equivalente del Gómez nuestro. Son gustos. Ministro del Interior y responsable en buena medida de las persecuciones, desapariciones y torturas en sus mazmorras íberas de coterráneos jóvenes y viejos, hombres y mujeres, que no opinan igual y al revés, luchan y mueren por la libertad e independencia de la milenaria nación vasca.

Fue renunciado de ese Ministerio (¿jugada política?) para promoverlo en las elecciones de Lendakari, máxima jerarquía eskalduna. Como era obvio, lo barrieron electoralmente. Ganó Ibarretche, nacionalista, por paliza. Se puede dudar si fue un error propio del fanatismo franquista de Aznar o si fue una «zancadilla» política para «sacudírselo de arriba» (llegó a ser el delfín del PP).

Lo cierto es que esa ignominiosa derrota y manifiesto desprecio de sus propios coterráneos, lo relegó de las inmediatas futuras jefaturas a las que dirigía sus naturales aspiraciones, dentro de su partido españolista. No obstante, supongo que mantiene una influencia importante. Sorpresivamente, según parece por gestión de un ministro uruguayo puesto por los blancos –de origen cívico y con anuencia evidente del Cuqui–, se le invitó a dar una conferencia en el Instituto Manuel Oribe lacallista, en nuestro país. Suena raro que se cruce el señor Oreja un océano para venir solo y puramente a «charlar» de política variada y visitando diversas autoridades «democráticas» a nuestras costas, a un centro partidario específico. No me cierran los argumentos publicitados. Saquemos conclusiones por aquel viejo principio «piensa mal y acertarás». El primero que me viene a mente es que este ministro del Interior, perito en represiones de las más refinadas, crueles y sofisticadas, encuadra dentro de una política de persecuciones que ante el empuje libertario que los vascos llevan a cabo a nivel mundial (declaraciones de parlamentos extranjeros, manifiestos, etc.) sobre la necesidad de pacificar Euskadi mediante independencias o autonomías muy amplias, política incluso de Ibarretche, está llevando Aznar con el juez Garzón en España contra el independentismo en última instancia. Se promueve por ejemplo la ley de partidos políticos, mediante la cual se quiere declarar ilegal al Ratasuna decomisándole incluso bienes y recursos propios (depósitos) e incluso de organizaciones que puedan simpatizar simplemente con esa corriente. La Iglesia vasca e incluso sorpresivamente la española misma, se han manifestado en contra de esa medida de corte nazi.

Ya a nivel internacional, se inició por parte de España la exigencia en países donde se asilaron de hace años (hasta diez y doce años) varios perseguidos políticos, ya establecidos con familias y negocios sin ánimo de volver al «pago», de llevarlos a cumplir condenas que por sentido común del tiempo transcurrido, debieran derogarse hasta por falta de peligrosidad para ellos.

Ejemplo de lo dicho, México, Venezuela, etc. ¡Cuidado entonces los vascos que ya son nuestros!

Integrados como ciudadanos útiles, buenos vecinos, compañeros fraternos con nuestra gente de trabajo y labores, solidarios con nuestras angustias económicas y familias con hijos, estables e industriosos como es característica de la raza.

La traída bajo invitación «dudosa» de un personaje represivo siniestro como el Oreja, por parte justamente de los responsables de los hechos tristes, arbitrarios y luctuosos del Hospital Filtro, en los cuales como fue notorio me manifesté públicamente como blanco y nacionalista en contra, nos hace poner alertas. Nuestra patria siempre fue patria de asilo y protección al perseguido político.

No se disfrazó jamás con tesis arbitrarias de «peligrosidad terrorista» ese derecho. Siendo a título de mayor abundancia, lo demostrado por estos vascos nuestros, su pacifismo, afecto y agradecimiento por el Uruguay.

Muy distinto por cierto a los europeos en general y a España en particular que niegan visas a simples ciudadanos que desean trabajar en esas naciones.

Cuando la guerra civil y las posteriores persecuciones brutales del franquismo admirado por el gobierno de Aznar, arribaban barcos llenos de emigrantes íberos, el Uruguay los acogió, los protegió, trabajaron con el respaldo de nuestras leyes sociales, etc.

Hoy que los avatares del mundo cambiaron y somos nosotros los que atravesamos por situaciones críticas, Aznar, el Oreja, y sus «demócratas y humanitarios» gobiernos, les cierran las puertas en las narices a los nuestros. Por cierto que no se dan las equivalencias de situaciones. Los buenos vascos, que ya han demostrado en el Uruguay su corrección, utilidad, cariño y laboriosidad por nuestra tierra, merecen el respeto y la protección del pueblo oriental y deberían también tenerlo del gobierno de la República. Tengo mis dudas de esto último. Espero equivocarme.

¡Gora Euskadi askatasuna! (¡Viva Euskadi independiente!). *

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