Más asombro ante las cuentas rendidas
GUILLERMO CHIFFLET
Quedan pocas semanas para exponer los puntos de vista que enfrentan a los Partidos en la Rendición de Cuentas. Quizá pocas veces ha llegado al Parlamento según nuestro punto de vista- un proyecto con propuestas tan cuestionables. Importa, por tanto, plantear un desafío: la posibilidad que analicemos, públicamente algunos temas. Como «muestra» exhortamos a opinar sobre el artículo 117. En una demostración de que hay, en el gobierno, quienes recortan con una especie de furia y sin racionalidad, con el citado artículo el gobierno suprime entre otros mandobles- el Instituto Nacional de Reumatología.
Con lógica alarma, técnicos y funcionarios han informado que dicho Instituto es el único centro, a nivel nacional, especializado en atención de pacientes con patología reumática. En su planta que dispone de condiciones edilicias excelentes, se atienden cuarenta mil consultas anuales. Allí se realizan, anualmente, ocho mil estudios radiológicos, doscientas intervenciones quirúrgicas y se extienden doscientas cincuenta mil recetas.
Técnicos y funcionarios han explicado, en informes a los legisladores, que si se comprende la importancia de las enfermedades reumáticas en Uruguay y en el mundo, se extenderá por qué la Reumatología es una especialidad internacionalmente reconocida y cuál es la importancia del Instituto como entidad especializada.
Quien no tuviese información suficiente, podría plantear: ¿acaso la enfermedad ha retrocedido? Los médicos destacan, al respecto, que «la enfermedad reumatológica es, en el país, la segunda causa de ausentismo laboral, invalidez y jubilación temprana».
¿Será, entonces, que el país en grave crisis no puede sostener un Instituto deficitario?
La realidad despeja, también, esta interrogante.
El presupuesto del Instituto (que no alcanza al 0.2% del presupuesto del programa 006, que se destina al programa de agudos en Montevideo) no es deficitario. A nadie se le ocurriría suprimir el Hospital Maciel, al Pasteur o al Pereira Rossell, que cumplen importantes funciones, porque tengan déficit. Pero el Instituto de Reumatología tiene superávit. Hoy, no tiene déficit. Y en 1989, por ejemplo, el superávit llegó al 4.2%.
Ningún legislador debiera pasar por alto, además, que el Instituto inaugurado el 1º de octubre de 1971 por el doctor Moisés Mizraji, nació con importante apoyo de la población, consciente de su necesidad. Importante recursos fueron obtenidos en campañas de televisión (con el apoyo de destacados artistas), mediante el apoyo generoso, además, de comisiones de apoyo y el trabajo puerta a puerta, de escolares y liceales de todo el país. Apenas veinte años después de ese esfuerzo popular se liquida una evidencia hermosa de que el trabajo solidario no es en vano. ¿Todo un ejemplo para la juventud?
Se intenta liquidar el Instituto, además, en momentos en que resulta imprescindible, porque cada día se borra más gente de las mutualistas. ¿O se desconocen las crecientes imposibilidades de pago?
Si la propuesta se aprueba ¿cuántos miles de pacientes quedarán sin asistencia? Al dolor de una mala Rendición seguirá entre otros el dolor de los reumáticos.
Lo grave es que ni siquiera se informa, sobre la iniciativa, a la población. Según el comunicado número 61 del Ministerio de Salud Pública, esa secretaría de Estado «no reconocerá como fidedigna, auténtica y veraz, versiones que emanan de otros funcionarios» salvo algunos jerarcas que dicho comunicado indica.
Sería de interés que el señor ministro o alguno de dichos jerarcas nos informase dónde podrían atenderse los enfermos que en las cifras indicadas se asisten, cada año, en el Instituto.
¿O el «liberalismo al uso» cree posible que esas personas podrán recurrir a la medicina privada?
Quién no tenga dinero ¿qué deberá hacer?
Con toda serenidad, sin el menor adjetivo, hemos planteado los aspectos principales del tema. Los partidarios de la medida ¿se negarán a ilustrarnos públicamente «la razón de la sinrazón»? *
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