La manifestación de ayer: un acontecimiento político que nadie puede ignorar

Es un tópico habitual consignar la importancia que adquieren los hechos  y los gestos- políticos en la creación de un cierto clima favorable o desfavorable a la estabilidad económica. «Son tiempos políticos», ha enfatizado en estos días el Presidente de la República.

Por lo general este tipo de admoniciones se suele acompañar de una serie de invocaciones a la «unidad nacional» en torno al gobierno, a la cesación de las protestas y la atenuación de las voces críticas. Esa tesitura tiende a desconocer hechos de la significación tremenda de la marcha del día de ayer, en la que decenas de miles de trabajadores y de estudiantes desfilaron ordenada pero enérgicamente contra la medidas antipopulares del gobierno.

La ignorancia de estas expresiones populares masivas, el énfasis puesto exclusivamente en factores «gestuales», provenientes de los dirigentes políticos, considerados casi como únicos ejes de la situación que se examina, pueden conducir al error de considerar que han sido hechos anecdóticos o meras ocurrencias personales los que desencadenaron los procesos de acentuación y agravamiento de la crisis que vive el país.

Algo de esto se ha venido dando a partir de quienes critican al presidente del Directorio del Partido Nacional y le asignan, por haber precipitado la renuncia de Bensión, la responsabilidad central del agravamiento de la crisis de confianza que sacude al país y afecta gravemente al sistema financiero.

Analizado en estos términos se pierde de vista el tremendo desgaste de la figura del ministro Bensión y los efectos ruinosos que  para una parte considerable de la población  tuvo la adopción de nuevas pautas cambiarias que facilitaron el ascenso vertiginoso del precio del dólar.

La política cambiaria de Bensión, antes y después de la devaluación, fue un fracaso para el país productivo, para los asalariados y para la mayoría de la población. También en ese terreno hay que colocar un proyecto de Rendición de Cuentas que ha levantado una viva oposición en amplios sectores. Ni hablar de la cosecha de «simpatías» que Bensión habrá conseguido con el incremento leonino de los impuestos a las retribuciones personales y del aumento de las tarifas públicas con retroactividad al 1º de julio.

Bensión se vio obligado a renunciar a raíz del aumento del costo de vida, del agravamiento de las dificultades para los endeudados en dólares, por su política contra la salud pública, contra el gasto en vivienda y contra la inversión productiva destinada a la reactivación económica del país. Fue el fracaso y el desprestigio de esta orientación, puesta una vez más de manifiesto ante la opinión pública a partir del 11 de julio con la interpelación realizada en el Senado, que el ministro terminó de perder apoyo político para su impresentable gestión.

Pretender que el desarrollo de la crisis de gobierno responde exclusivamente a las decisiones más o menos lúcidas o caprichosas de los dirigentes es una sensibilidad y un estilo de pensar la política muy alejado de la realidad que vive la mayoría de la población, un «modus operandi» que cree que la acción política se limita a lo que le ocurre a los aparatos partidarios, o a la acción de las representaciones políticas.

Ignorar el significado profundo de la manifestación de obreros y estudiantes del día de ayer, imaginar que el nudo que oprime el desarrollo nacional se desata con la acción exclusiva de las elites es perpetuar la ceguera que ha caracterizado al gobierno de coalición en los últimos meses.

La contención, la seriedad, la firmeza, la fuerza y la masividad de la demostración popular de ayer merece la atención más circunspecta del gobierno y sus aliados. *

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