Adiós al amigo
JORGE ORRICO
La última vez que nos vimos fue a mediados de mayo, en el cumpleaños de mi hijo más chico. Pese al permanente apoyo de Cecilia, su incondicional compañera, mi señora y yo supimos que el final estaba próximo.
Cuando me enteré de la muerte de Rubén Castillo, un montón de recuerdos me asaltaron desordenadamente. Claro que me acordé de Discodromo, del acto de la campaña del 71 en Rivera y Soca, cuando comenzó la presentación diciendo algo así como «Es para mí un placer estar junto al pueblo y frente a la oligarquía». Esa oligarquía que en aquellos años integraban entre otros los Peirano, de triste memoria y peor presente.
En esos tiempos, Rubén era de los tipos más prestigiosos de la radio y la televisión uruguaya. El estar junto al Frente Amplio le costó muy caro. Se le empezaron a cerrar puertas. Algunos pasaban doble llave ante su presencia porque habían recibido la orden. Otros, simplemente, se hicieron encima de miedo.
Rubén adhirió primero al Partido Socialista y al Frente Amplio después, no porque no tuviera nada que perder, sino por un indoblegable afán de justicia.
Fue perseguido por sus opciones políticas, pero jamás perdió su optimismo ante la vida ni su amor al prójimo. Mantuvo siempre una dignidad y entereza de carácter que era un ejemplo para nosotros, sus jóvenes admiradores.
Pero no quiero hablar solamente del Rubén Castillo hombre público. Quiero decir que lo quise mucho, que siempre sentí su aliento en las distintas actividades que la vida me ha puesto a cargo. Quiero decir que en momentos muy duros para mí, sentí su apoyo y su comprensión. Ahora que las lágrimas hacen temblar lo que escribo, quiero recordar a ese magnífico ser humano que supo ser Rubén.
En el verano del 85 yo estaba muy golpeado. Un fin de semana, no sé muy bien por qué, fui a dar a una casa en el balneario Jaureguiberry donde estaba Rubén. Por aquellos días mi sueño era inquieto. Recuerdo que me dí vuelta en mi cama y me entredesperté. Vi entonces a Rubén a mi lado que se inclinó y me tapó con una frazada, y yo sentí como que me estaba tapando el alma.
Ese era Rubén. Siempre preocupado por ayudar al prójimo y reconfortarlo con un pequeño gesto.
A Rubén, donde estés, decirte que siempre estarás vivo entre nosotros. A Cecilia, su compañera, el agradecimiento de todos los que lo quisimos. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad