Radiografía de un gobierno socialmente irresponsable
«Mire, señora, yo soy contador, las cuentas no me dan y esto es lo que tengo». Alberto Bensión a la doctora Graciela Ubach, directora del Hospital de Clínicas, ofreciendo 11 millones de pesos en cinco meses de los 100 millones que Economía debe al Hospital de Clínicas.
Como bien ha observado el diputado Luis Gallo, el incumplimiento de los compromisos con el Hospital de Clínicas por parte del Ministerio de Economía comporta la declaración de la bancarrota del Estado en relación con el área social, con la salud de la gente. De la gente pobre, claro.
El incidente, que agita justificadamente las aguas en el ámbito universitario y los gremios de la salud, constituye un ejemplo a la vez lamentable y fúlgido de algunas de las aristas más negativas de la situación a que este gobierno ha conducido al país: por parte de los gobernantes, insensibilidad social y humana, desparpajo y desfachatez en el momento de rendir cuentas ante la opinión pública.
También resulta ilustrativa la actitud de la otra parte de la realidad nacional, la reacción de responsabilidad técnica, solidaridad y compromiso social que los universitarios y los gremios de la salud han asumido frente al grave despojo a que está siendo sometido el hospital universitario.
Por la naturaleza de un servicio de emergencia con las características del Hospital de Clínicas, en el que se asisten aquellos sectores sociales que están fuera del sistema mutual y de los institutos privados de salud, la actitud de los ministros de Economía y de Salud no deja de tener una singular y odiosa veta clasista.
La falta de recursos, la asfixia a que el ministro de Economía somete a las dependencias del sistema responsable de la salud de la población, contrasta con la celeridad con que se resuelve otro tipo de urgencias, las que atañen al sostenimiento de la estabilidad de un sistema financiero que actúa en el país gozando de una situación increíble de impunidad, falta de control y privilegios.
Al mismo tiempo resulta indignante la frivolidad con que las autoridades del Ministerio de Salud Pública aparecen públicamente anunciando que los pacientes que no se puedan atender en la emergencia del Hospital de Clínicas, serán atendidos en las emergencias de los Hospitales Pereira Rossell, Pasteur o Maciel. Instituciones que, también ellas, están al borde del colapso desde hace ya bastante tiempo.
Como lo ha señalado la doctora Mónica Xavier, la decisión que obligó al cierre de la emergencia del Clínicas, «en el correr de los días pondrá en emergencia a todo el sistema sanitario nacional, que se encuentra en una crisis muy profunda y que de ninguna manera absorbería los pacientes derivados del Clínicas».
Y agrega la senadora del Frente Amplio-Encuentro Progresista: «¿Cómo pueden absorber pacientes los nosocomios públicos cuando hoy están dando citas para los especialistas para el año 2003?»
Esa es la situación. Para las derechas, que ni aprenden nada ni olvidan nada, la Universidad debería hacerse una autocrítica (¡!) por no haber aceptado las propuestas gubernamentales de traslado del Hospital y la aceptación de los 50 millones de dólares que ofrecía el Banco Interamericano de Desarrollo. «Porque la Universidad prefiere mantener su perfil opositor», llegan peregrinamente a sostener.
Por su parte, bien distinta ha sido la actitud de los demás sectores de la salud, de la Federación de Estudiantes y de la organización sindical PIT-CNT.
Como era de esperar –y de acuerdo con las posturas programáticas de la organización obrera– el sector laboral ha manifestado su respaldo a las decisiones de las autoridades universitarias y a los gremios del Hospital de Clínicas.
Todo parece indicar que el intento de asfixiar al hospital universitario y las protestas populares que suscita formarán parte de la agenda política y social de la semana que se inicia. *
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