El gobierno cada vez más aislado
A medida que transcurre el tiempo, los pocos apoyos con que contaba el gobierno (y fundamentalmente su equipo económico) parecen ir diluyéndose, arrastrados por el torrente de críticas que cosecha la política económica de la que Bensión es el principal ejecutor.
La realidad –más porfiada aun que el ministro impulsor del modelo agotado– exhibe, inapelable, los resultados de ese empecinamiento y es por sí sola suficiente para demostrar el desatino de las recetas neoliberales.
La reciente declaración de la Cámara de Industrias es suficientemente elocuente en ese sentido. Utilizando, desde luego, un lenguaje bastante más cauto que las proclamas populares, los industriales uruguayos expresan, sin embargo, el mismo punto de vista:
«Los hechos han demostrado a lo largo de estos años que la instrumentación y ejecución de la política económica así como su conducción han sido desacertadas, llevando al aparato productivo nacional a un marcado proceso de desintegración».
Como puede advertirse, conceptualmente se trata de lo mismo que la oposición política, los sindicatos, las organizaciones sociales, la Concertación para el Crecimiento y en general toda la sociedad ha venido sosteniendo en los últimos tiempos. Y el análisis de la Cámara de Industrias va más allá, al cuestionar uno de los pilares del cuerpo doctrinario del neoliberalismo:
«La producción es la vía fundamental para la creación de riqueza y generación de empleo». Una afirmación de tal índole se sitúa en el lugar exactamente opuesto al de los partidarios del libremercado y de la supremacía de lo financiero sobre lo económico. La presencia de capitales especulativos –y ajenos por tanto a la producción y a los intereses reales del país– generó un clima de falsa prosperidad y promovió la apertura indiscriminada de las importaciones, y con ello se firmó el certificado de defunción de la producción nacional. Tienen toda la razón los industriales al recordarnos que el crecimiento verdadero, aquel que reposa sobre bases sólidas y no sobre entelequias o abstracciones, sólo es posible mediante la creación de riqueza concreta.
Vale la pena resaltar que esta política absurda comenzó a aplicarse hace más de diez años y que desde entonces ha sido denunciada por nefasta por la oposición progresista y por el movimiento sindical. El contador Bensión no es sino un discreto continuador de la ideología aperturista, y si se ha convertido en el blanco principal de las críticas más acerbas y convergentes, es por su particular tozudez al afirmar, en el mejor estilo panglossiano, que este modelo es el correcto y que gracias a él nadaremos en la abundancia.
Por todas estas razones, la sociedad espera con razonable expectativa que el Parlamento se pronuncie de manera clara, condenando al personal responsable de la instrumentación, ejecución y conducción de esta política económica desacertada.
El tiempo de las negociaciones está agotado, entre otras razones porque desde la propia soberbia del gobierno no se ha dado ni un solo paso hacia el diálogo propuesto por la oposición y por la Concertación para el Crecimiento, y porque los intentos del Partido Nacional –socio menor en la coalición de gobierno– de introducir medidas de reactivación han chocado contra la insensibilidad y la terquedad del doctor Batlle y de su equipo económico.
Teniendo en cuenta que la oposición de izquierda (el EP-FA y el NE) ya ha tomado la decisión de promover la censura al ministro, todas las miradas estarán concentradas en la actitud que tomará el Partido Nacional en la jornada de hoy. De sus legisladores depende que la vieja colectividad recupere su perdida credibilidad o que confirme su mimetización con el Batllismo conservador. *
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