Voces del bunker
Como todos los años, la conmemoración del 14 de abril dio lugar a la reiteración de los viejos discursos militares del período de la dictadura y de la posdictadura.
Con las mismas alteraciones de la verdad y con los mismos énfasis y amenazas más o menos veladas, algunos oficiales retirados que han tenido cargos de responsabilidad en el Ejército, hablando a nombre de todas las Fuerzas Armadas, persisten en un discurso beligerante y agresivo.
El contenido de fondo de todas estas rutinarias pirotecnias verbales está detenido en el tiempo, de espaldas a las realidades que evolucionan tanto en Uruguay como en América Latina y el resto del mundo.
El discurso de los generales retirados contiene además algunas pequeñas e ingeniosas trampas retóricas, falseamiento de la realidad para acomodarla a sus intereses, que conviene señalar una vez más.
Remitiendo a la declaración de Estado de Guerra Interno, en abril de 1972, los locuaces oradores se permiten «la licencia» histórica de saltearse los 13 años de dictadura y los atropellos que en ella se realizaron.
Atropellos que tuvieron como víctima a un amplísimo sector de la población uruguaya compuesto por sindicalistas, estudiantes, militantes de izquierda y de los partidos proscriptos: el período en que se intensifican las desapariciones, los crímenes políticos como los de Zelmar Michelini y Gutiérrez Ruiz.
El período en que en Uruguay se practica el robo de bebés, como en el caso de la nieta de Juan Gelman y del hijo de Sara Méndez.
¿O no se enteraron?
Los locuaces y amenazadores generales ¿no se enteraron que en 1976, casi cuatro años después del momento en que ellos mismos habían dado por terminada la lucha contra la subversión, fue secuestrada y desaparecida María Claudia García, la madre de la niña que ahora Juan Gelman ha reencontrado?
Tampoco que se han enterado que por ese delito, el de robo de bebes, están procesados once oficiales superiores de las Fuerzas Armadas argentinas, entre ellos tres integrantes de las Juntas Militares que gobernaron ese país entre 1976 y 1983, Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Reynaldo Bignone, a los que ahora, en estos días se suma un nuevo general, Jorge Olivera Rovere.
Por lo visto tampoco ha llegado al «bunker» la información de los generales de la dictadura presos en Chile como resultado de las actuaciones del juez Juan Guzmán. Ahora, además de Contreras y Espinosa, el magistrado ha ordenado encarcelar al general Carlos Forestier.
También parecen ignorar la aparición de nuevos datos y nuevas pistas sobre crímenes y desapariciones en uno y otro país.
El doloroso descubrimiento de nuevos yacimientos con decenas de tumbas «NN» en el gran Buenos Aires, la aparición de voluminosos archivos sobre la represión militar en Argentina, la difusión pública de documentos hasta hace poco secretos de los servicios de seguridad norteamericanos, el desarrollo de nuevos juicios de distintos países contra las Juntas Militares del Cono Sur, nada de eso parece alterar la rutinaria mentalidad de los habitantes del «bunker».
Ninguna institución, ningún grupo humano que pretenda ser oído con respeto por el resto de sus conciudadanos pueden darse el lujo de ignorar la realidad y vivir confortablemente instalado en un rincón caprichoso del pasado.
Todo lo nuevo y lo que busca un futuro mejor para todos, los dejará a un lado.
Mejor dicho, sabrá reconocer a quienes se han quedado rumiando viejos rencores a un costado del camino.
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