Ecos de una interpelación

En su edición de ayer domingo LA REPUBLICA da cuenta del desarrollo de un intercambio de puntos de vista entre distintas corrientes dentro del Frente Amplio acerca del desarrollo de la importante instancia parlamentaria del pasado jueves 11.

Se trata no sólo de un debate interno de gran interés político que es positivo que se conozca y se reflexione sino también es una evidencia de que las fuerzas políticas de izquierda perciben la gravedad –y la riqueza de problemas– que el momento actual le plantea al Frente Amplio-Encuentro Progresista en su larga marcha hacia el gobierno en nuestro país.

Muy distinta por cierto parece ser la actitud adoptada por los voceros de las derechas.

Por un lado hay una absoluta desvalorización del acontecer parlamentario. Incluso los voceros que se presentan como nacionalistas ignoran el contenido y la interpretación no sólo de los planteos formulados por los senadores blancos sino, incluso, hasta las mociones que presentaron.

La actitud de ignorar las peripecias de la bancada nacionalista en el Senado no se han de fundar, sin duda, en el hecho de que en el Partido Nacional no existan divergencias internas.

Es más, la interpelación fue apenas uno de los escenarios donde esas diferencias se expresaron, pero no la única.

En el caso del diario El País, la idea de descafeinar el proceso parlamentario de la interpelación al ministro de Economía los lleva a sostener que «las interpelaciones –episodios parlamentarios que sin excepciones se convierten en torneos de oratoria que muchas veces incursionan en temas que poco tienen que ver con el asunto central en cuestión– deberían ser usadas con mayor cuidado por los parlamentarios opositores». Agrega luego: la renuncia del ministro puede ser solicitada por la oposición todas las veces que se lo estime necesario, pero es demasiado lujo gastar 18 horas en ello».

Obsérvese que desde esta tesitura, el diario El País le enmienda la plana al Senado (y a quienes dirigían la sesión) por apartarse de los temas acordados, realizar torneos oratorios y prologar excesivamente los debates.

A la vez, como lo han hecho varios medios, se pretende culpabilizar a la oposición del alza del dólar registrada el día de la interpelación, con efectos muy claros sobre los índices de precios.

Dicho de otro modo: la supuesta imprudencia de la oposición, que tiene la «osadía» de interpelar al jefe absoluto de la política económica, esa oposición que ejerce sus derechos constitucionales y políticos sería la responsable del alza desmesurada del precio del dólar.

Esta actitud consistente en ejercer presiones externas sobre la acción pública de los partidos políticos es inaceptable desde el punto de vista de la lógica democrática.

Si lo que se pretende que para Uruguay hay un solo camino posible, que es el actual, orientado por los señores Bensión y Batlle y para fundamentar esta posición se recurre a factores ajenos al debate político, como ser los riesgos de un alza incontenible del precio del dólar, los partidos de la oposición corren con un handicap altamente negativo.

Paradójicamente, al pretender desconocer la legitimidad de la oposición progresista, los voceros de la derecha terminan desconociendo de manera absoluta los puntos de vista de una buena parte de los senadores de la coalición de gobierno.

La situación así planteada agrava las condiciones en que debe desenvolver la acción el Partido Nacional cuyas opiniones sobre temas clave son negadas, desconocidas o subestimadas.

¿Qué efectos sino los de desgaste y deterioro pueden producir estas condicionantes a que se somete a la vieja colectividad de Oribe?

Pero, para el Partido Colorado, no hay más lógica que la defensa inmediata de «las cosas como son ahora». Aun al precio de estragar a sus aliados más estrechos. *

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