Bensión no come pasto
JOSE LUIS SAMPAYO PIREZ*
La grandeza de los hombres y mujeres del mundo, se mide por sus actos. Siempre tenemos presente claros ejemplos de dignidad, que le conceden a esos seres humanos un lugar en un escalón más alto que el común.
Pero, a la par, también están los otros, los que establecidos en lugares neurálgicos donde se toman decisiones que afectan a la sociedad, fracasan uno y otro día sin enterarse que el sufrimiento es doloroso y que ese fracaso los ubica en el escalón más bajo de la consideración del pueblo.
Nosotros tenemos mucha gente digna en todos los ámbitos, pero también tenemos de los otros, como lo es el caso de Bensión y Davrieux. Estos integrantes del equipo económico de gobierno, son los responsables directos de las rebajas de salarios y pasividades y del aumento de los índices de pobreza sin precedentes que algunos gobernantes quieren ocultar cuando concurren a foros internacionales.
Pero ellos no tienen la suficiente grandeza de reconocer su fracaso y dejar que, por lo menos, se lave la cara del origen de la miseria. Entendemos que hay cosas que ellos no pueden entender. Por lo pronto es comprensible que quien gasta en un almuerzo personal $ 1.800, como han denunciado sus funcionarios que lo hace Bensión, no entienda que muchos uruguayos que no tienen trabajo, no coman, que muchos de los que trabajan, coman 10 días por mes y que casi la mitad de los nacimientos en Uruguay se originen en hogares pobres. Y entonces por eso no se va del cargo. Lo que hizo, o mejor dicho, deshizo hasta ahora, está bien y todavía resuenan los aplausos del Fondo Monetario Internacional, de la Asociación de Bancos y de los exportadores especuladores. Por eso no se va.
No se va porque alguien le dijo que las mentiras que se le dicen a los pobres, no causan los mismos efectos a los ricos. Si algún trabajador o jubilado compró algún electrodoméstico en cuotas en dólares, pensando que la banda lo sostendría por lo menos hasta diciembre, a Bensión no le importa. Tampoco le importa que la gente coma menos. La carne aumentó entre un 30 y un 45%. La deducción es que subió el precio del pasto que hasta ahora proveía gratuitamente la generosa naturaleza, porque la Cámara de la Industria Frigorífica (que es bastante fría), no supo dar explicaciones del porqué del asalto. Como Bensión no come pasto, esta situación no estaba políticamente prevista.
Pero parece que el actual ministro de Economía tampoco previó la generalización de los aumentos de precios en cascada, que le vino muy bien a muchos empresarios que tienen muy arraigada la cultura de la especulación y que cuando el oportunismo los ataca, dejan de llorar. Esas imprevisiones del ministro las pagan los trabajadores, los jubilados y pensionistas, a quienes se les quita del bolsillo una y otra vez, lo que el Estado pierde.
Todavía se está estudiando si los precios de los artículos básicos de la canasta familiar suben o no, para tomar alguna medida. Mientras Bensión estudia, que nos sigan esquilmando. Seguramente dentro de un par de años, cuando las cifras de pobreza y desocupación nos den el triste privilegio de haber llevado la indigencia a límites insospechables, Bensión se irá con la alegría del deber cumplido.
Ningún trabajador, jubilado o pensionista, aplaudirá su gestión y pasará a formar parte de la galería que integran los Végh Villegas, Valentín Arismendi, Zerbino, De Posadas, Mosca o Davrieux, digna de la peor historia económica del país. Pero también, para él habrá un lugarcito en algún organismo financiero internacional que, agradecido, acogerá a quien tanto por ellos ha hecho.
Equipo de representación de los Pasivos en el BPS
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