Las "ilegalidades" de Bensión

El ministro Alberto Bensión está fuera de sí. Es tanta su soberbia que, por haber logrado aplicar su modelo económico sin mayores dificultades gracias a los votos con que el Partido Nacional contribuye en la llamada coalición de gobierno, está perdiendo la perspectiva de lo que significa el respeto de la ley en el funcionamiento democrático de un país.

Nos referimos al exabrupto implícito que significó su apología de la ilegalidad, cuando sostuvo que se debiera reducir el monto de lo obtenido por la Universidad de la República, luego de un fallo del Tribunal de lo Contencioso Administrativo que confirmó que nuestra principal casa de estudios está exonerada de pagar aportes «patronales» a la seguridad social, del mismísimo presupuesto universitario.

A Bensión no le interesó que la controversia planteada en el más alto Tribunal en materia administrativa, se laudara en favor de la Universidad y que quedara patente la ilegalidad que se estaba cometiendo al obligarla a pagar partidas que no le correspondía abonar. Además, utilizó una frase de Joaquín Suárez para tratar de cuestionar la acción de las autoridades universitarias. «No le voy con cuentas a la Patria», dijo con voz engolada, como si su afirmación fuera correcta y no una especie de sangrienta ironía.

Podría haber pensado algo parecido cuando, en su afán privatizador, le entregó al grupo del Banco de Montevideo el por entonces intervenido Banco la Caja Obrera, por una cifra escandalosa. Cinco millones de dólares, por un banco en que el Estado uruguayo había invertido cientos de millones, en otro negocio ruinoso, extremo que ahora se confirma. El gobierno tiene que invertir ahora, nuevamente, cientos de millones en esas entidades financieras, todavía no fusionadas a pleno, pero que son el centro de otro escándalo financiero.

Podríamos hablar también de las órdenes verbales con que el ministro entregó partidas millonarias para financiar la actividad del fundido Banco Comercial, también violentando la legislación, pues ese trámite nunca fue comunicado, como es de orden, al Tribunal de Cuentas.

La frase de Joaquín Suárez, obviamente, no es adecuada para definir la justa reivindicación reclamada por la Universidad de la República, que pese a los presupuestos miserables que le han proporcionado los distintos gobiernos, sigue luchando para que miles de jóvenes se formen al más alto nivel y se conviertan en las necesarias generaciones de recambio. Claro, ello es algo que a Bensión no le interesa, pues prefiere que las familias se sigan quebrantando por la masiva emigración de la que la política económica es responsable.

No son antipatriotas las autoridades universitarias por defender su escuálido presupuesto con todas las armas legales que le dan las normas existentes. Lo es, en cambio, quien es capaz de amenazar con sanciones presupuestales, desconociendo un fallo del Tribunal de lo Contencioso Administrativo que restablece la legalidad en un tema concreto.

Hoy será interpelado este hombre que se siente dueño de vidas y haciendas, este señor feudal de la economía que está imponiendo el hambre a cada vez más uruguayos. Un personaje para olvidar que, si hubiera nacido durante la presidencia de Joaquín Suárez, nunca se hubiera convertido en una figura de primera magnitud.

Pero claro, Jorge Batlle no es comparable a Joaquín Suárez… *

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