No es una interpelación más
Los uruguayos representados por la heterogénea y contradictoria clase política que tenemos y que, pese a sus males, debemos soportar para apuntalar a la democracia, nos jugamos una difícil parada.
Llegó el momento en que todos, más allá de las convicciones ideológicas, muchas de ellas basadas en conceptos banales y superficialidades insólitas, nos unamos para decirle al gobierno que no va más el modelo neoliberal en marcha para favorecer de manera abierta al capital financiero.
A partir de las 10 de la mañana en el Senado de la República el Encuentro Progresista, en la figura del economista Alberto Couriel, interpelará al ministro de Economía Alberto Bensión, buscando que este secretario de Estado sea censurado y deba alejarse del cargo.
Bensión se ha convertido en todo un símbolo. Es el representante de la ideología neoliberal que intenta aplicar un modelo –como ocurrió en la Argentina con el tandem Menem-Cavallo– destinado a terminar con todos los logros de nuestra sociedad, como las empresas públicas, afectando a los uruguayos en las cosas más elementales, el trabajo, el salario, la salud, la seguridad social, etc.
Un mecanismo de relojería con un funcionamiento atroz que ha conseguido el objetivo de concretar la caída en un tercio del PBI, luego de cuatro años de crisis que, además, ha logrado que el Banco Central pierda sus reservas y, como contrapartida para poder seguir pagando a los prestamistas, el país haya incrementando su endeudamiento a la sideral cifra de 15 mil millones de dólares.
Podríamos hablar de los mecanismos aplicados por Bensión, sin olvidar que es un ministro más en el gobierno de Jorge Batlle, para recaudar más o, mejor dicho, para pagar menos sueldos y jubilaciones. Un mecanismo perverso, claramente recesivo, que sirvió para extender la pobreza y como reflejo de ello, que los agentes económicos enlentecieran, cuando no clausuraran, sus actividades.
El país se encuentra hoy al borde de un precipicio al que fue llevado –eso tiene que estar claro para todos– por las deficiencias de un modelo que no sólo está fracasando en Uruguay, sino que anteriormente lo hizo en la Argentina, provocando una gravísima situación regional.
Por ello la interpelación que se realiza hoy no es un acto de confrontación política más. Es evidente que luego de esta instancia parlamentaria debe comenzar a vislumbrarse un camino nuevo, para lo cual es necesario que este ministro vuelva definitivamente a su casa para intentar escribir sus memorias, con un importante capítulo sobre cómo logró hundir la economía de su país.
La frustración hoy sería desesperante para quienes todavía abrigan la esperanza de que el país pueda emprender un camino que posibilite detener la emigración de los jóvenes, de quienes han sido sumidos en la marginación, de quienes no pueden recibir asistencia médica porque ni siquiera se entregan las partidas votadas para el funcionamiento de un hospital tan paradigmático como el de Clínicas, de quienes tienen hambre y que sufren el horror de no tener alimentos para sus hijos.
Llegó el momento de que la clase política, cada uno de los senadores, sea portavoz de quienes los hicieron llegar al Parlamento. Cada senador, cuando sólo con su conciencia piense en lo que apoyará, deberá acordarse de sus electores, de los sufrimientos de este pueblo que no resiste más esta política antinacional.
La frivolidad o la politiquería mendicante marcarían a fuego a quienes la continúen practicando.
Llegó la hora. La gente no puede ser nuevamente olvidada. *
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